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Última actualización: 19/1/2018
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Gubar S. Living with cancer: a broken covenant with patients
The New York Times (N Y Times (Print))
15 de enero 2016
página(s) 1

La autora es paciente de cáncer. Expresa su decepción porque creía que los resultados de los ensayos clínicos se cargan casi automáticamente en el registro ClinicalTrials.ogv, lo que impediría el sesgo de publicación, así como la publicación tardía de resultados importantes. Entre otras cosas cuenta lo siguiente:

“… en 2009 la empresa sin ánimo de lucro Hoosier Cancer Research Network, que realiza ensayos clínicos para compañías farmacéuticas, interrumpió un ensayo sobre bevacizumab porque los resultados mostraban que no sólo no era eficaz, sino que era dañino sobre las pacientes con cáncer de mama metastásico. Durante los dos años siguientes los investigadores del ensayo ni publicaron los resultados ni los cargaron en ClinicalTrials.gov. Y no fue hasta 2011 que la FDA retiró la indicación de tratamiento del cáncer de mama metastásico a causa de sus riesgos mortales. ¿A cuántas mujeres enfermas se puso innecesariamente en peligro entre 2009 y 2011?”

“Otro ejemplo del mismo problema, en instituciones prestigiosas de investigación médica: el Memorial Sloan Kettering Cancer Center incumplió la ley con el 100% de sus ensayos, mediante la publicación tardía de los resultados o simplemente no publicándolos. En dos ensayos sobre el fármaco experimental ganetespib no notificó las consecuencias adversas –cardiopatía, hepatopatía, obstrucción intestinal o de colon, muerte– que afectó a las voluntarias con cáncer de mama o cáncer de colon”.

“El escándalo prolifera. Al parecer la FDA puede imponer multas de hasta 10.000 $ al día por ensayo, por retraso en la notificación de los resultados. Sin embargo, nunca ha penalizado a una institución o a una compañía por dejar de comunicar en ClinicalTrials.gov”.

“Cuando antes de iniciar mi ensayo leí las 20 o 30 páginas de letra pequeña, firmé en la línea de puntos, incluso a pesar de que este documento me informaba que el fármaco podría matarme, y que las personas que me lo administraban no serían considerados responsables de ello. Firmé porque quería ver si una estrategia diferente me podría salvar de las miserias de los tratamientos estándar que se habían mostrado ineficaces. También firmé porque quería ayudar a otras personas con cáncer.

Se trataba de un contrato legal y también moral. Miles de pacientes han con cumplido su parte. Los investigadores y las instituciones para las que trabajan deben cumplir con la suya”.