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Chinthapalli K. The billion dollar business of being smart
British Medical Journal (BMJ)
14 de septiembre 2015
Volumen 351 página(s) h4829

La demanda de productos y medidas para potenciar la función cognitiva constituye un mercado creciente en el mundo.

La cafeína sigue siendo el fármaco de elección para muchos estudiantes. La mayoría han consumido café, bebidas con cafeína o comprimidos de cafeína para estudiar. En EEUU la cafeína está siendo sustituida por los psicoestimulantes Adderall® (anfetamina + dextroanfetamina), metilfenidato y modafinilo. Entre un 5% y un 15% de los estudiantes universitarios dicen haberlos consumido para mejorar el rendimiento académico, pero la mayoría dice haberlo hecho de manera ocasional (un 40% los han usado solamente una o dos veces). Las universidades con listones de entrada más altos son las que tienen mayor prevalencia de consumo de psicoestimulantes; en 2014 entre estudiantes universitarios un 7% de los alumnos de último año tomaban un psicoestimulante sin prescripción médica.

También ha aumentado el número de estudiantes que consumen estos medicamentos de forma normativa, porque están indicados para el tratamiento del TDAH, cuya prevalencia aumenta en un 5% anual. Parte de este aumento puede ser debido a simulación de TDAH, pues se estima que una cuarta parte de los estudiantes simulan síntomas para obtener prescripciones o más tiempo libre.

Una encuesta en línea efectuada en 2012 en Gran Bretaña mostró que un 24% de los estudiantes habían usado alguna vez cafeína para aumentar el rendimiento académico, un 6% modafinilo, un 4% metilfenidato y un 2% anfetamina. Del resto de los estudiantes, dos terceras partes dijeron que la única razón para no haberlos consumido fue la falta de acceso.

El mercado de la función cognitiva también vende otros productos, aparte de medicamentos. Los crucigramas están siendo sustituidos por juegos de entrenamiento cerebral, que actualmente constituyen un mercado de 1.000 M$. Las exageraciones publicitarias de las compañías de software que los comercializan dio lugar a que en 2014 más de 60 investigadores en neurología publicaran una declaración de consenso en la que advertían que las pruebas son escasas y de mala calidad. Y concluían: “Si dedicar una hora a juegos solitarios de ordenador significa no dedicar una hora a ir de excursión, a aprender italiano, a cocinar una nueva receta o a jugar con los nietos, puede que no valga la pena”.

Las ventas internacionales de suplementos de venta libre (sin prescripción médica) para la función cognitiva también superan los 1.000 M$ al año, y crecen rápidamente. Los ingredientes más frecuentes son ginkgo biloba, vitaminas y cafeína. Algunos contienen piracetam, proteínas de medusa e incluso “copos comestibles de oro puro de 23,5 quilates”.

Las compañías farmacéuticas también han buscado una parte de este mercado. Cephalon, que comercializó el modafinilo en 1998 para la narcolepsia, estaba promoviendo las ventas para indicaciones no autorizadas como la fatiga o la depresión. Y le resultó: entre 2001 y 2006 un 80% de las prescripciones de modafinilo fueron para indicaciones no autorizadas, lo que dio lugar a una multa de 425 M$ impuesta a la compañía en 2008. Fue la primera vez en que una compañía farmacéutica fue sancionada por promoción de un medicamento en indicaciones no autorizadas sin que existieran pruebas de eficacia. Además Cephalon alargó la patente a partir de 2001, mediante una nueva patente sobre una nueva formulación, que caducó en 2014. Otras cuatro compañías de genéricos pudieron evitar esta patente creando nuevas formulaciones de modafinilo. En mayo de 2015 la Comisión Federal del Mercado multó a Cephalon con 1.200 M$ por ampliar ilegalmente el monopolio sobre el fármaco, mediante el pago de 300 M$ a estas compañías de genéricos para que retrasaran su entrada en el mercado hasta 2012. Entre tanto, las ventas fueron de 1.000 M$ al año.

Cephalon tenía además una estrategia más a largo plazo, conocida en medios de la industria como “producto a la pata coja”. La compañía pretendía que los consumidores de modafinilo pasaran a su nuevo fármaco armodafinilo, cuya patente caduca en 2016. Para conseguirlo, aumentó el precio de los comprimidos de modafinilo de 5,50$ a 13,60$ en 5 años hasta 2009, e introdujo el armodafinilo a un precio de 9$ por comprimido.

El metilfenidato y la anfetamina actúan produciendo un aumento de los niveles extracelulares de dopamina, pero el mecanismo de acción del modafinilo no se conoce bien. Podría dar lugar a un aumento de los niveles de catecolaminas, glutamato y serotonina en la corteza cerebral. Sea cual sea su mecanismo de acción, modafinilo tiene menos efectos indeseados, sobre todo porque produce menos dependencia. Una revisión sistemática de reciente publicación concluyó que el modafinilo mejora las funciones ejecutivas. No obstante, hay que tener en cuenta que en esta revisión 22 de los 24 ensayos clínicos fueron realizados con una dosis única del fármaco.

Prohibido en el ajedrez

Paul Phillips, jugador profesional de póquer, declaró al New Yorker: “Con Adderall (metilfenidato) calificaría el efecto como… una corrección de un problema. Provigil (modafinilo) da como una potenciación”. Phillips ganó más dinero durante seis meses en que tomó anfetamina que en los cuatro años anteriores. Los estimulantes están permitidos en los torneos de póquer, pero prohibidos en los de ajedrez.

La Duke University ha prohibido los estimulantes en sus exámenes, porque “el uso no autorizado de medicamentos de prescripción para potenciar el rendimiento académico” constituye un engaño.

Ha habido escaso debate público sobre la ética de los fármacos potentes para ser más listo. Un debate que llegará, porque crece el consumo y porque crece la investigación en tratamientos para la demencia. De momento todavía se puede tomar una taza de café.