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Última actualización: 16/10/2019
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Glyn-Jones S, Palmer AJR, Agricola R, Price AJ, Vincent TL, Weinans H, Carr AJ. Osteoarthritis
The Lancet (Lancet)
25 de julio 2015
Volumen 386 nº 9991 página(s) 376-87

Las revistas médicas, tan abducidas por la industria como los propios médicos, siguen denominando osteoartritis a la artrosis. La palabra osteoartritis es una invención industrial, para dar a entender de manera más o menos subliminal que la artrosis es una enfermedad inflamatoria… que podría mejorar con antiinflamatorios. Pero se trata de una enfermedad degenerativa.

Las opciones terapéuticas son prácticamente nulas. Veamos lo que se dice en el apartado sobre tratamiento farmacológico de esta revisión sobre la artrosis:

El condroitín sulfato y la glucosamina tienen efecto antiinflamatorio y anticatabólico in vitro. Su eficacia para aliviar los síntomas o retrasar la progresión de daño estructural ha sido muy investigada en ensayos clínicos. Los resultados han sido discordantes, probablemente a causa de diferencias en los diseños de los ensayos, las poblaciones participantes, el sesgo del investigador y el empleo de formulaciones diferentes. Se han notificado resultados más positivos para el sulfato de glucosamina que para el clorhidrato [mal llamado hidrocloruro en ocasiones] de glucosamina. Sin embargo, con la suposición de que la glucosamina es el ingrediente activo, no hay explicación de este efecto. En conjunto, el trabajo publicado no indica que el condroitín o la glucosamina tengan un efecto beneficioso clínicamente relevante, y no son recomendados en las guías de práctica clínica de las sociedades internacionales. Sin embargo, ambos tienen perfiles de seguridad comparables al placebo.

El ácido hialurónico es un glucosaminoglicano que se encuentra en el líquido sinovial, que actúa como lubricante; sus concentraciones son más bajas en los pacientes con artrosis. El ácido hialurónico ha sido ampliamente utilizado como “viscosuplemento” administrado por vía intraarticular, pero se sigue debatiendo sobre su eficacia y su inseguridad. En un metanálisis de 2012 se concluyó que no tiene efecto beneficioso sobre el dolor ni sobre la funcionalidad, y que no existen pruebas convincentes de efecto beneficioso estructural. La lubricina, una glucoproteína que actúa de manera sinérgica con el ácido hialurónico, ha mostrado una capacidad lubricante inferior a la normal en grupos de pacientes con artrosis. Los suplementos restauran la lubricación normal de la articulación y podrían ser protectores del cartílago, lo que implica que quizá tengan un efecto terapéutico de momento no demostrado.

Otra estrategia consiste en actuar sobre los enzimas responsables de la degradación del cartílago. La doxiciclina es un potente inhibidor de las metaloproteinasas de la matriz; en ensayos clínicos controlados se ha registrado un pequeño efecto beneficioso sobre el estrechamiento del espacio articular, pero poco sobre el dolor y la función. Este efecto beneficioso limitado parece ser superado por los efectos adversos del fármaco. Otros inhibidores de las metaloproteinasas de la matriz no han mostrado efecto favorable ni sobre la estructura del cartílago ni sobre los síntomas, y muchos producen toxicidad sobre el hueso. También se ha intentado actuar sobre moléculas de señalización intracelular como la sintasa inducible del óxido nítrico, con resultados desalentadores.

Se han evaluado también los bisfosfonatos, para examinar si pueden revertir las alteraciones óseas subcondrales observadas en la artrosis, a través de su acción inhibidora de la actividad de los osteoclastos. Se ha examinado el efecto de risedronato sobre la artrosis de rodilla en ensayos clínicos controlados; no se registraron diferencias en el efecto sobre el espacio interarticular. Además, la mejoría sintomática observada en un estudio de cohortes no se pudo confirmar en un estudio multinacional de mayor tamaño. En otro estudio, se demostró que una dosis única de ácido zoledrónico mejoraba el dolor y el tamaño de las lesiones de medula ósea al cabo de 6 meses.

El ranelato de estroncio, además de inhibir los osteoclastos y estimular los osteoblastos, incrementa la producción de la matriz de condrocitos in vitro. En un ensayo clínico controlado con placebo, mostró un efecto reductor del estrechamiento del espacio interarticular; los pacientes tratados con ranelato de estroncio también mostraron una modesta mejoría de los síntomas y una reducción de las concentraciones de CTX-II en orina. Son necesarios más estudios, aunque es probable que el perfil de efectos indeseados de este fármaco limite su utilidad clínica en la artrosis.

Se han propuesto varios fármacos que actúan sobre la inflamación. Las inyecciones intraarticulares de corticoides se usan con frecuencia para mejorar los síntomas, pero no tienen efecto estructural beneficioso. El metotrexato está siendo investigado, en pacientes con sinovitis. La esperanza de que fármacos biológicos dirigidos contra componentes de la cascada inflamatoria puedan transformar el tratamiento de la artrosis del mismo modo que han transformado el de la artritis reumatoide no se ha convertido de momento en realidad.

La anakinra, un antagonista del receptor de la interleucina 1 obtenido por recombinación, mejoró los síntomas en un ensayo controlado con placebo en artrosis de rodilla, pero el efecto no duraba más de 4 días. La administración por vía subcutánea o intravenosa de AMG 108, un anticuerpo monoclonal dirigido contra el receptor de la interleucina 1, a pacientes con artrosis de rodilla no produjo efecto beneficioso clínico; la muerte de un paciente fue atribuida a neutropenia secundaria a este fármaco. También se han realizado ensayos clínicos con anticuerpos anti-TNF; adalimumab no mostró efecto terapéutico en la artrosis de manos, pero se han publicado resultados prometedores en la artrosis de rodilla inflamatoria. Si se tienen en cuenta los efectos adversos de los tratamientos biológicos, el tratamiento sistémico estaría quizá más justificado cuando la enfermedad afecta varias articulaciones, como en la artrosis de manos, mientras que sería preferible la inyección intraarticular de fármacos de liberación lenta en el tratamiento de la artrosis de una sola articulación como la de rodilla.

Dado que promueven la reparación del cartílago in vitro, se han propuesto la proteína morfogenética ósea humana recombinante y el factor de crecimiento de fibroblastos recombinante como fármacos modificadores del curso de la artrosis. En un ensayo clínico en el que se comparó el factor de crecimiento de fibroblastos 18 por vía intraarticular con placebo, no se registraron diferencias en la pérdida de cartílago en el compartimento medial de la rodilla ni mejoría de los síntomas, pero se observó una modificación estructural en el compartimento lateral al cabo de un año.

Se encuentran células madre pluripotenciales del mesénquima tanto en el cartílago de pacientes con artrosis como en el cartílago no afectado. La kartogenina promueve la diferenciación de los condrocitos y la reparación del cartílago en modelos animales de artrosis. Está por ver si esta molécula u otras similares tendrán utilidad clínica en el futuro.