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Última actualización: 16/10/2019
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Trecki J, Gerona RR, Schwartz MD. Synthetic cannabinoid - Related illnesses and deahts
The New England Journal of Medicine (N Engl J Med)
9 de julio 2015
Volumen 373 nº 2 página(s) 103-7

Los cannabinoides sintéticos fueron creados por primera vez en los años ochenta, como herramientas de investigación (ligandos) para estudiar el sistema endocannabinoide. En los años siguientes fueron objeto de comercialización ilícita en Europa, en forma de incienso de hierba, antes de llegar a EEUU en noviembre de 2008. La prevalencia y variedad de productos con cannabinoides sintéticos han aumentado de manera constante en los últimos 6 años.

Desde 2011 (hasta 2015) la DEA ha clasificado 15 cannabinoides sintéticos en la lista I de estupefacientes en EEUU. En 2012 la Ley de Prevención del Abuso de Drogas Sintéticas clasificó de manera permanente 26 productos sintéticos, entre ellos 10 de cannabinoides, en la Lista I. Los estados han tomado medidas similares, pero los fabricantes ilegales siguen sintetizando rápidamente nuevos compuestos que no están regulados.

“Tras ser transportadas a EEUU por fabricantes extranjeros”, las sustancias psicoactivas son típicamente o bien mezcladas con planta, disueltas en líquido y a continuación aplicadas a plantas, disueltas en líquido para ser consumidas con un cigarrillo electrónico, o disueltas en líquido que el consumidor puede ingerir o mezclar con otra sustancia (por ej., bebidas energéticas, tabaco) y consumir. Los cannabinoides sintéticos se venden en múltiples formas y formatos, a menudo con nombres equívocos, como “alternativa legal a la marihuana” o “porro legal”. Son distribuidos en gasolineras, tiendas de conveniencia, tiendas convencionales o a través de internet.

A pesar de las advertencias (“No para uso humano”) e informaciones tranquilizadoras (“no contiene productos regulados”), el uso recreativo generalizado de estos productos por sectores sociales variados (sobre todo jóvenes no experimentados en el consumo de cannabis) ha dado lugar a numerosos episodios de intoxicación. Se han registrado muertes causadas por cannabinoides sintéticos en personas de 13 a 56 años (7 de 13-19 años, 5 de 20-29 años, 3 de 30-39 años, 3 de 40-49 años y 2 de 50-56 años.

Los efectos adversos graves repetidamente registrados han sido delirio con agitación (sobre todo con el producto ADB-PINACA, el Crazy Clown y el 10X y el más reciente AB-CHMINACA, insuficiencia renal aguda (con el producto llamado XLR-11), convulsiones, psicosis, alucinaciones, efectos cardiotóxicos, coma y muerte. No existe antídoto para el tratamiento de la intoxicación, que no tiene signos ni síntomas característicos que faciliten su diagnóstico.

Además, no hay pruebas de laboratorio para su diagnóstico inmediato: cuando un nuevo cannabinoide sintético es hallado en el mercado, primero debe ser identificado, luego se debe sintetizar el estándar usado para las pruebas analíticas; además, hay que analizar las muestras clínicas para estudiar si hay metabolitos y para identificarlos y conocer sus efectos farmacológicos. Luego hay que diseminar los resultados y las técnicas de análisis a todos los laboratorios, para que obtengan sus estándares y validen sus propias técnicas analíticas. Todo ello requiere meses. Mientras tanto, los fabricantes clandestinos de este producto ya han cambiado a uno nuevo. La consecuencia es que es muy probable que casos de intoxicación por cannabinoides sintéticos, muertes y brotes colectivos pasen desapercibidos.

El aumento aparente de casos de patología causada por cannabinoides sintéticos puede deberse a una mejor detección de los casos y los brotes colectivos, a una mayor atención de los medios de comunicación o a una mejor colaboración entre sector sanitario y la DEA y similares.

Dada la rapidez con la que se sintetizan nuevos productos, se desconoce en general la afinidad de estos productos por el receptor y su farmacocinética. La posible presencia de impurezas y contaminantes, así como la variabilidad de un producto a otro, dificultan todavía más su evaluación.