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Última actualización: 14/8/2018
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Mozaffarian D, Ludwig DS. The 2015 US dietary guidelines: lifting the ban on total dietary fat
Journal of the American Medical Association (JAMA)
23 de junio 2015
Volumen 313 nº 24 página(s) 2421-2

Este comentario sobre las nuevas recomendaciones dietéticas oficiales en EEUU contiene numerosas novedades de gran interés. Se resumen a continuación los puntos más importantes.

Cada 5 años los Departamentos de Agricultura y de Sanidad de EEUU publican conjuntamente las Recomendaciones Dietéticas para los ciudadanos de EEUU. Estas recomendaciones tienen una importante influencia sobre la cadena alimentaria en escuelas, cafeterías de centros oficiales, ejército, programas de asistencia social, producción agrícola, menús de restaurantes e industria de alimentos manufacturados.

El procedimiento de revisión se basa en las recomendaciones contenidas en el informe del Comité Asesor de Recomendaciones Dietéticas (DGAC) que acaba de ser publicado. Este comité está formado por científicos que revisan las publicaciones de manera sistemática y proporcionan recomendaciones basadas en pruebas a las autoridades de Agricultura y de Sanidad.

En este nuevo informe revisado, la modificación que ha sido objeto de más comentarios ha sido la eliminación del colesterol en la dieta como “alimento preocupante”. Esto ha sorprendido, pero responde a los resultados de los estudios que muestran que no existe una relación apreciable entre ingesta de colesterol y colesterol en suero y entre ingesta de colesterol y morbimortalidad cardiovascular en la población general.

Una modificación menos difundida, pero más importante que la anterior, ha sido la eliminación de un límite máximo de la ingesta total de grasas.

“Reducir la grasa total (sustituirla por hidratos de carbono, HC) no disminuye la morbimortalidad cardiovascular… Las recomendaciones dietéticas deben insistir en optimizar los tipos de grasa en la dieta y no en reducir la ingesta total de grasa”.

La limitación de la ingesta de grasa tampoco es recomendada para personas con obesidad.

Por el contrario, se insiste en una dieta basada en alimentos saludables, lo que implica más vegetales, fruta, cereales no refinados, legumbres, pescado y marisco y productos lácteos (¡!), y menos carnes, alimentos y bebidas azucarados, y cereales refinados.

Con estas recomendaciones el DGAC ha revertido casi cuatro décadas de recomendaciones que priorizaban la reducción del consumo total de grasas.

La principal razón para limitar el consumo de grasa era disminuir las grasas saturadas y el colesterol en la dieta, que se creía que aumentan el riesgo cardiovascular porque aumentarían las concentraciones de colesterol LDL.

Los efectos complejos de las grasas saturadas sobre los lípidos y las lipoproteínas son ahora reconocidos (¡!), incluidas las pruebas de efectos beneficiosos sobre el colesterol HDL y los triglicéridos, y sus efectos mínimos sobre la apolipoproteína B en comparación con los HC. Estas relaciones complejas explican por qué la sustitución de las grasas saturadas por HC no disminuye el riesgo cardiovascular.

Además, poner un límite general a la ingesta total de grasas disminuye inevitablemente la ingesta de grasas insaturadas (frutos secos, aceite vegetal y pescado son particularmente saludables).

Aún más importante, priorizar la reducción de la ingesta de grasas no toma en consideración los efectos perjudiciales de los HC refinados (cereales refinados, patata y azúcar añadido), cuyo consumo es inversamente proporcional al de grasa.

Los ensayos clínicos han confirmado que las dietas con elevado contenido en grasas saludables, en sustitución de HC o proteínas y que contienen más de un 35% de grasa (que ha sido el límite máximo recomendado hasta la actualidad), reducen el riesgo cardiovascular.

El informe de 2015 del DGAC reconoce de manera tácita que no existen pruebas convincentes para recomendar dietas con bajo contenido en grasa y elevado contenido en HC para la población general, en estudios sobre la prevención de la cardiopatía isquémica, el ictus, el cáncer, la diabetes ni la obesidad.

Durante décadas, los HC han sido considerados el fundamento de una dieta saludable. No obstante, en la edición de 2005 de las Recomendaciones oficiales, ya se proponía la limitación de los cereales refinados y los azúcares añadidos en la dieta, debido a las pruebas crecientes de que los HC refinados incrementan la disfunción metabólica, la obesidad y la morbimortalidad cardiovascular.

Más importante todavía, en EEUU los productos de cereales refinados –es decir, el pan blanco, el arroz refinado, las patatas fritas, las galletas, los cereales (¡!) y la pastelería siguen constituyendo fuentes importantes de calorías en la dieta.

[Los mitos nacen, se desarrollan, dominan y caen. Los nuevos mitos probablemente harán lo mismo. La validez de los estudios sobre dieta y salud es más que dudosa, porque las personas entrevistadas describen hábitos dietéticos que no practican, y porque la evaluación de la dieta consumida se basa en entrevistas realizadas de vez en cuando, y en algunos estudios en una sola entrevista. Las implicaciones de estas recomendaciones para la industria alimentaria son enormes, lo que implica que las presiones de este sector también deben haber sido enormes, para que el DGAC tardara décadas en reconocer que no existían pruebas de las recomendaciones talibánicas contra el colesterol.

Ahora los hidratos de carbono se convertirán en el nuevo demonio.

Será interesante ver lo que tardan los “expertos en dietética”, tan presentes en los medios de comunicación (¿Declaran conflictos de intereses?), en modificar sus mensajes. Se pone en evidencia el ridículo científico de los lamentables mensajes sobren el demonio colesterol de los mensajes de publicidad alimentaria en los medios de comunicación.]