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Última actualización: 18/10/2019
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Ref. ID 99219
 
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Kimmelman J. The secret realm of phase I trials in healthy volunteers
British Medical Journal (BMJ)
26 de junio 2015
Volumen 350 página(s) h3444

Los ensayos en fase I examinan toxicidad, farmacocinética y búsqueda de dosis. Constituyen un paso imprescindible en el desarrollo de un fármaco. A pesar de ello generan desconfianzas, porque exponen al ser humano a fármacos no estudiados, a menudo a concentraciones plasmáticas necesarias para producir toxicidad, y porque en un voluntario sano la relación beneficio-riesgo tiende a cero. Contribuye a la desconfianza el hecho que los voluntarios reciban una compensación económica.

Se recuerdan la muerte de un voluntario en un ensayo en fase I en 1999 y los casos de fallo multiorgánico registrados en 2006 con el anticuerpo TGN-1412, que también han sido causa de preocupación. Finalmente, hay un problema de opacidad: los resultados de los ensayos clínicos en fase I son sustancialmente desconocidos. Esto ha sido facilitado por algunas legislaciones, como por ejemplo la de modernización de la FDA (FDAAA) de 2007 en EEUU, que exceptuó los ensayos en fase I en voluntarios sanos del registro obligatorio. La mayor parte de estos ensayos son realizados en instituciones privadas de la propia industria o de una CRO. La mayor parte de los fármacos estudiados en fase I no llega a ser comercializada y la mayoría de los ensayos en los que se evaluaron fármacos que no llegaron a ser comercializados no son nunca publicados. Los ensayos en fase I en voluntarios sanos gozan de un aislamiento particular de las normas de transparencia y publicación operativas en casi todas las demás áreas de la investigación médica.

Se comenta el trabajo de Emanuel et al-99218, en el que no se apreció toxicidad evidente excepto en unos pocos casos (10 por 1.000 participantes experimentaron acontecimientos adversos graves y transitorios y 1,5 por 1.000 experimentaron acontecimientos adversos atribuibles a los procedimientos del estudio), y en el que los acontecimientos adversos fueron más bien debidos a procedimientos del estudio (por ej., colocación de vía arterial, punción lumbar) que al fármaco en estudio.

Los resultados sugieren que el riesgo de los participantes en ensayos en fase I es en general comparable al asociado a la participación en otros tipos de estudios, como ensayos clínicos en fase II o III y estudios fisiológicos en seres humanos. También indican que los estudios toxicológicos en animales, la vigilancia médica intensiva y la consideración conjunta de todos los resultados obtenidos antes del primer uso en el ser humano son razonables.

Un inconveniente del estudio de Emanuel et al-99218 es que se basó en los datos de una sola compañía farmacéutica. No se puede descartar que otras compañías recibieran la solicitud de permiso para examinar los resultados y que declinaran cooperar, porque sus registros de toxicidad eran menos favorables que los de Pfizer utilizados en el estudio. Tampoco se puede descartar que el perfil de riesgo de los ensayos en fase I en grandes compañías farmacéuticas sea más leve que el de los productos probados en compañías de biotecnología.

Finalmente, ¿por qué otras compañías no tuvieron el mismo coraje que Pfizer y no abrieron sus registros a investigadores independientes? “Es sin duda el momento de que las autoridades reguladoras desarrollen normativas que obliguen a las compañías a registrar todos los ensayos en fase I en voluntarios sanos y a depositar los resultados en bases de datos de acceso público.
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