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Última actualización: 13/1/2021
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Ref. ID 96523
 
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Bonati M, Reale L. Reducing overdiagnosis and disease mongering in ADHD in Lombardy
British Medical Journal (BMJ)
16 de diciembre 2013
Volumen 347 página(s) f7474

En la práctica, la subjetividad del médico tiene una importante influencia sobre los diagnósticos en salud mental, y sobre la amplia variabilidad en las tasas de prescripción de psicofármacos que se han documentado por países, regiones e incluso en una misma ciudad. Tal como señalan Thomas et al-96550, las guías de práctica clínica sobre el déficit de atención e hiperactividad recomiendan realizar una evaluación médica, psicosocial y del desarrollo para definir la gravedad, pero dejan en manos del médico la evaluación del grado de afectación. Por desgracia, las clasificaciones (como leve, moderado o grave) son más académicas que útiles para la práctica diaria.

En junio de 2011 se puso en marcha un registro de TDAH en Lombardía. Cada uno de los 18 centros acreditados por la autoridad sanitaria debe garantizar una evaluación diagnóstica estricta del trastorno antes del tratamiento, así como un seguimiento de los síntomas durante el tratamiento. Un grupo de trabajo definió un recorrido basado en pruebas consistente en seis pasos obligatorios: evaluación psicopatológica completa global con el esquema utilizado en trastornos afectivos y esquizofrenia para niños en edad escolar (K-SADS); una cuantificación de los síntomas y de la afectación del funcionamiento global mediante la escala de impresiones clínicas globales de gravedad (CGI-S) y una escala de evaluación global del niño (C-GAS). Este protocolo fue acordado, aprobado y compartido por todos los centros. Se organizaron sesiones de formación y reuniones de discusión para los clínicos de los centros de referencia, y también se organizaron reuniones educativas con pediatras, familias y otros profesionales sanitarios.

En este contexto, entre 2011 y 2012 la prevalencia de TDAH se mantuvo estable, en alrededor de 0,5% entre los niños y niñas de 6 a 17 años, y la prevalencia de uso de fármacos disminuyó de 24% a 16% de los pacientes. De este modo se puede limitar “el diagnóstico excesivo y la ampliación de la enfermedad” si se dispone de los recursos suficientes, se emprenden las acciones formativas necesarias y se asegura que las decisiones propuestas en las guías sean en interés de los pacientes.