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Última actualización: 21/10/2020
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Gunderson EW. Synthetic cannabinoids: a new frontier of designer drugs
Annals of Internal Medicine (Ann Intern Med)
15 de octubre 2013
Volumen 159 nº 8 página(s) 563-4

En la última década han aparecido los cannabinoides sintéticos como importantes drogas de diseño. Las drogas de diseño son productos químicos con una ligera modificación de la estructura molecular de drogas conocidas, para evitar la aplicación de las legislaciones vigentes. El consumo de cannabinoides sintéticos fue reconocido por primera vez a mediados de los 2000 en Europa, y fue motivo de atención en EEUU en 2009, a raíz de un incremento de las llamadas a los centros de toxicología.

En 2010 los cannabinoides sintéticos dieron lugar a 11.406 ingresos en servicios de urgencias, principalmente de adolescentes y adultos jóvenes. En marzo de 2011 la DEA clasificó cinco cannabinoides sintéticos como drogas controladas, con las implicaciones correspondientes sobre su fabricación, venta y posesión. En 2011 y 2012 un 11% de los estudiantes de bachillerato reconocieron uso de algún cannabinoide sintético en el año anterior; los cannabinoides sintéticos fueron la droga de uso más amplio, detrás del propio cannabis. Hay menos información sobre su uso por la población adulta, que podría ser elevado, sobre todo en algunos ambientes. A menudo se comercializan productos que contienen cannabinoides sintéticos como mezclas de hierbas o incienso. Su venta sin restricciones de edad contribuye a promover su uso entre los más jóvenes.

A veces la principal motivación para emplearlos es que no dan positivo en las pruebas de detección de THC en orina.

La mayoría de estos compuestos, del orden de centenares, fueron sintetizados hace años en busca de compuestos para el estudio del sistema endocannabinoide. Entre ellos se encuentran el JWH-018 y el JWH-073, derivados de ciclohexilfenol (como el CP 47,497) y compuestos obtenidos en la Hebrew University, como el HU-210. Se trata de productos volátiles, que por lo tanto pueden ser fumados. Son muy liposolubles, de modo que atraviesan fácilmente la barrera hematoencefálica.

En ocasiones se les denomina “marihuana sintética”. No se han estudiado sus efectos de manera rigurosa; es posible que, fumados, sean más tóxicos que el propio cannabis. A diferencia del delta-9THC, que es un agonista parcial de los receptores CB1 en SNC. algunos cannabinoides sintéticos (como el HU-210) son agonistas plenos; la mayoría son mucho más potentes que el THC; además, hay considerable variabilidad en su contenido cuantitativo y cualitativo de un producto a otro.

Los usuarios describen una amplia variedad de efectos positivos y negativos, parecidos a los del cannabis. Los efectos indeseados notificados por usuarios han sido sequedad de boca, dificultad de pensamiento, aumento del apetito, afectación de la memoria, sensación de mareo y dolor de cabeza. Se han descrito casos de intoxicación con agitación intensa, ansiedad, psicosis, convulsiones e insuficiencia renal. Se especula que pueden aumentar el riesgo de psicosis. Estos efectos desaparecen de manera espontánea.

En el ámbito internacional la regulación de estos productos es difícil, sobre todo porque aparecen nuevas variantes químicas con una rapidez imposible de controlar por los gobiernos u organismos internacionales.

La inspección de una tienda en Georgia reveló que tenía más de 50 marcas de hierbas, muchas de ellas envasadas localmente con productos químicos adquiridos en el extranjero, a través de internet. El dependiente calculaba que en aquella zona se han vendido unas 1.000 marcas de cannabinoides sintéticos, y que las ventas al por mayor de drogas de diseño habían alcanzado 150.000 $ al mes. Naturalmente, la veracidad de estos cálculos es incierta.

La emergencia del fenómeno de los cannabinoides sintéticos merece reexaminar las políticas aplicadas sobre el cannabis. La política prohibitiva podría ser contraproducente, dado que muchas personas usan estos productos para esquivar el positivo en las pruebas de detección en orina, con lo que se exponen a riesgos desconocidos.

Desgraciadamente, se dispone de datos muy escasos sobre los patrones de su consumo, sus efectos sobre la salud, la identificación de la intoxicación por estos productos y su tratamiento. Es urgente investigar sobre ello.