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Última actualización: 29/11/2020
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Avorn J. Healing the overwhelmed physician
The New York Times (N Y Times (Print))
11 de junio 2013
página(s) 1

En este artículo en el NYT, Jerry Avorn critica la nueva guía de práctica clínica (GPC) sobre tratamiento de la diabetes de tipo 2 publicada por la American Association of Clinical Endocrinologists:

“La última edición de la guía eleva muchos fármacos de segunda o tercera línea a posiciones más importantes en la jerarquía de prescripción, compitiendo con medicamentos que nadie pone en duda como metformina, que es genérica y no es cara. También insiste en los riesgos de tratamientos conocidos, como la insulina, la glipicida, que ahora llevan advertencias amarillas de riesgo en la nueva GPC.

Algunos de los fármacos ahora recomendados son recién llegados caros que carecen de la experiencia de efectividad clínica y seguridad de los más antiguos, que resultarán previsiblemente desplazados. Estos cambios fueron realizados, sin duda, para ofrecer al médico un mayor número de opciones terapéuticas para sus pacientes. No obstante, también preocupa que puedan haber sido influidos por otro factor: los fabricantes de algunos de estos nuevos fármacos dieron apoyo financiero al desarrollo de esta GPC, y muchos de sus autores son consultores que cobran de las compañías farmacéuticas fabricantes.

Habíamos visto eso mismo antes. Hace unos años, otra GPC recomendó el tratamiento agresivo de la anemia en pacientes renales con eritropoyetina, a pesar de que las dosis más altas de este fármaco incrementaban considerablemente el riesgo de infarto de miocardio, ictus y muerte, todo ello compensado con un efecto beneficioso menor. También en este caso la sociedad profesional que publicó la GPC, al igual que muchos médicos que la redactaron, recibieron financiación de las compañías fabricantes de eritropoyetina.

El mercado farmacéutico de Estados Unidos, que alcanza 325.000 M$, constituye un enorme incentivo para desarrollar y diseminar información que alaba las presuntas virtudes de medicamentos nuevos y caros, pero se aplica mucha menos energía para promover el uso de medicamentos conocidos, con patente caducada, incluso a pesar de que el peso de las pruebas científicas y la experiencia los recomienden”.

A continuación se cita la dificultad del médico para estar al día, la tarea desarrollada por el Institute of Medicine (IOM), la Cochrane Collaboration y otras instituciones para desarrollar guías y normas, la guía sobre redacción de GPC que publicó el IOM, y la necesidad de transmitir esta información a los prescriptores. Todo ello con el fin de que las recomendaciones sobre el tratamiento de una enfermedad se construyan con métodos rigurosos y reflejen el mejor conocimiento posible, sin estar teñidas por las relaciones financieras con las compañías interesadas.

Cita también la iniciativa Independent Drug Information Service, actualmente financiada por los gobiernos de Pennsylvania y el Distrito de Columbia. Se trata de un programa de visita médica académica (independiente de la industria), que consiste en la revisión de la literatura de un modo no orientado a fármacos sino a problemas, que despliega un “servicio docente” de farmacéuticos y enfermeros que visitan al médico en su propia oficina y le orientan en la lectura de las recomendaciones terapéuticas resultantes de la revisión citada.

La mutua Kaiser Permanente en Estados Unidos, o la totalidad del sistema de salud en Australia, han adoptado esta estrategia de información y docencia. Se ha demostrado que esta actividad de visita médica académica es efectiva para mejorar la toma de decisiones del médico.