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Última actualización: 15/3/2021
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Linsky A, Simon SR. Reversing gears: discontinuing medication therapy to prevent adverse events. Comment on "Proton pump inhibitors and risk of 1-year mortality and rehospitalization in older patients discharged from acute care hospitals"
JAMA Internal Medicine (JAMA Intern Med)
8 de abril 2013
Volumen 173 página(s) 524-5

Los IBP son, a corto plazo, eficaces para el tratamiento del reflujo gastroesofágico y la úlcera gastroduodenal. Sin embargo, faltan recomendaciones sobre su uso a largo plazo.

La impresión inicial de que los IBP tenían pocos efectos adversos dio lugar a su amplio uso, y figuran entre los diez grupos de fármacos más prescritos durante los últimos cinco años. Sin embargo, en artículos recientes su uso se ha asociado a un riesgo mayor de neumonía, infección por Clostridium difficile y fracturas osteoporóticas. En el estudio de Maggio et al (véase ref. 95187) se observa que los IBP se asocian a un aumento de la mortalidad en pacientes de 65 años o mayores tratados con IBP en el momento del alta de un ingreso por enfermedad aguda. Tras controlar por múltiples características de los pacientes, se registró un aumento de más de un 50% de la mortalidad en el año tras el alta. A pesar de las limitaciones del diseño observacional del estudio, estos hallazgos sugieren que el uso de los IBP, sobre todo en pacientes de edad avanzada, se asocia a riesgos graves.

Los IBP no son los únicos fármacos cuya percepción inicial fue de muy seguros y pocos efectos adversos. La vigilancia postcomercialización de muchos fármacos ha conducido a añadir advertencias o incluso a su retirada del mercado, como en el caso del rofecoxib.

Cuando se prescribe un fármaco a un paciente, hay que valorar su relación beneficio-riesgo. En el caso de los IBP, con frecuencia se prescriben sin una indicación clínica clara. Algunos estudios que han evaluado pautas de tratamiento al alta hospitalaria y en atención primaria han mostrado que un 50% de los pacientes en tratamiento prolongado con IBP no tienen una indicación documentada. Dado su amplio uso, estos hallazgos son preocupantes.

Si no existe una indicación clara, la actitud lógica sería retirar la medicación. En una sociedad donde la cultura a menudo cree que “más es mejor”, la prescripción prudente puede ser difícil. Retirar un fármaco puede ser cognitiva y conductualmente más difícil que evitar su inicio en primer lugar, y a menudo se prefiere mantener el “status quo”. Entender y superar estos obstáculos a la retirada de los medicamentos puede dar lugar a una prescripción más razonada.

Aunque el conocimiento sobre la retirada de medicamentos en la población general es limitado, podemos aprender algunas lecciones de la prescripción en geriatría. Las personas de edad avanzada tienen mayor riesgo de polifarmacia (con frecuencia definida como uso concomitante de 5 fármacos o más) a causa de sus múltiples comorbididades y “cascadas de prescripción” (el paciente recibe un fármaco adicional para tratar el efecto adverso producido por otro fármaco). Para abordar la polifarmacia en las personas de edad avanzada, algunos expertos sugieren que se debe comparar el “tiempo hasta el efecto beneficioso” de un fármaco con la esperanza de vida; si éste es claramente mayor a la esperanza de vida, estaría justificada la retirada.

Sólo porque el paciente haya tolerado un tratamiento durante un largo período no significa que sea un tratamiento adecuado. Se debería revisar de forma cuidadosa y regular el tratamiento de un paciente, y considerar probar de retirar los medicamentos que ya no se consideran necesarios.


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