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Última actualización: 15/12/2019
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Calder PC. American Heart Association advice on omega 6 PUFAs cast into doubt
British Medical Journal (BMJ)
9 de febrero 2013
Volumen 346 nº 7894 página(s) 8

Estudios realizados en los años sesenta y setenta del siglo pasado demostraron que algunos de los ácidos grasos saturados más comunes de la dieta dan lugar a un aumento del colesterol total y el LDL, mientras que el ácido linoleico, un ácido poliinsaturado en posición omega 6, da lugar a una disminución de colesterol total y de LDL.

El ácido linoleico se encuentra en cantidades elevadas en los aceites vegetales, como el de maíz, girasol, alazor (cártamo) y soja y en las margarinas elaboradas a partir de estos aceites. En la mayoría de las dietas “occidentales” es el ácido graso omega 6 poliinsaturado más prevalente. Disminuir la ingesta de grasa saturada y aumentar la de la insaturada es una de las recomendaciones dietéticas más importantes, que tiene por objeto disminuir el riesgo cardiovascular.

La American Heart Association (AHA) repitió recientemente su recomendación de mantener e incluso aumentar la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados omega 6. Esta recomendación ha sido causa de controversia, porque las pruebas de que el ácido linoleico disminuye el riesgo cardiovascular son limitadas, porque en la mayoría de los ensayos clínicos en los que se investigó el efecto de intercambiar grasas saturadas por grasas poliinsaturadas se efectuaron muchas otras modificaciones dietéticas. En general, al mismo tiempo disminuían la ingesta de ácidos grasos trans, aumentaban la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados omega 3, o ambas cosas a la vez. Raramente se ha investigado el impacto sobre la morbimortalidad cardiovascular de sustituir las grasa saturada por ácido linoleico sin modificar los demás ácidos grasos.

No obstante, los resultados recientemente analizados del ensayo clínico Sydney Diet Heart Study, un ensayo clínico controlado realizado entre 1966 y 1973 en 458 hombres de 30 a 59 años con síndrome coronario reciente [infarto de miocardio (IAM), insuficiencia coronaria aguda o angina] ayudan a resolver estas dudas. Los participantes fueron aleatorizados a una dieta rica en ácido linoleico o a proseguir su dieta habitual. Los aleatorizados a ácido linoleico fueron instruidos para que aumentaran su ingesta de ácido linoleico de un 6% inicial de la ingesta energética total, a 15%, y para que disminuyeran la ingesta de grasas saturadas a no menos de 10% de la ingesta energética total. El seguimiento duró una mediana de 39 meses. El colesterol total en el grupo aleatorizado a ácido linoleico disminuyó en una media de 13%; no obstante, en 1978 se publicó un aumento de la mortalidad por todas las causas en este mismo grupo (y no se dio información sobre mortalidad cardiovascular ni por IAM.

Ramsden et al-94928 han reanalizado los resultados de este ensayo con estrategias modernas. Los resultados confirman que el grupo aleatorizado a ácido linoleico tuvo una mortalidad más alta [HR=1,62 (IC95%, 1,00-2,64)] y muestran también un aumento de la mortalidad cardiovascular [HR=1,70 (IC95%, 1,03-2,80)] y de la mortalidad por cardiopatía isquémica [HR=1,74 (IC95%, 1,04-2,92)].

A continuación los mismos autores utilizaron estos resultados para completar un metanálisis realizado anteriormente. Otros dos ensayos clínicos con ácido linoleico habían examinado la mortalidad por cardiopatía isquémica y cardiovascular. En el metanálisis puesto al día, el ácido linoleico aumentó la mortalidad por cardiopatía isquémica [HR=1,33 (IC95%, 0,99-1,79)] y la mortalidad cardiovascular [HR=1,27 (IC95%, 0,98-1,65)], aunque los resultados no fueron estadísticamente significativos.

Estos resultados son contrarios al dogma “grasas saturadas malas, ácidos grasos poliinsaturados omega 6 buenos” e indican que las recomendaciones de la AHA están equivocadas.
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