Sistema de Información Esencial en Terapéutica y Salud

@SIETES7

Última actualización: 29/11/2020
SIETES contiene 93175 citas

 
Ref. ID 94889
 
Tweet
van de Vooren K, Curto A, Garattini L. Optional copayments for anticancer drugs
British Medical Journal (BMJ)
2 de febrero 2013
Volumen 346 nº 7893 página(s) 19-21

Los nuevos fármacos biológicos para el tratamiento de diferentes tipos de cáncer tienen sólo eficacia marginal pero son de coste muy elevado. En este artículo se argumenta a favor de que “es razonable pedir a los pacientes que contribuyan a sus excesos de coste mediante copagos opcionales”.

[¿Ya nadie cree en un sistema de salud universal y equitativo?]

La mayor parte de los países europeos financian bevacizumab y cetuximab para cáncer colorrectal metastásico. No obstante las pruebas de eficacia son débiles; no hay ensayos clínicos con comparaciones relevantes en los que se haya registrado alguna mejoría real de la supervivencia, y pruebas escasas de mejora de la calidad de vida. El NICE no recomienda bevacizumab como opción con coste-efectividad ni como tratamiento de primera línea del cáncer colorrectal metastásico como para pacientes en los que la enfermedad ha progresado a pesar de la quimioterapia de primera línea. El NICE sólo recomienda cetuximab añadido a la quimioterapia de primera línea (solamente durante 16 semanas) para los casos de cáncer colorrectal con la mutación KRAS, si las metástasis se limitan al hígado y el tratamiento se dirige a la resección quirúrgica.

La pregunta clave, que nunca se explicita, es si el sistema de salud está preparado para gastar una proporción creciente de los presupuestos de sanidad en tratamientos terminales muy caros, visto que su impacto sobre la supervivencia (de unos pocos meses más en el mejor de los casos) y la calidad de vida (mejorada principalmente por las esperanzas del paciente) es dudoso y su coste-efectividad difícilmente demostrable. Por ejemplo, en Italia el sistema de salud gasta unos 45 M€ al año en bevacizumab para cáncer colorrectal metastásico, para conseguir quizá cuatro meses y medio más de vida, en pacientes con una edad media de 70 años en el momento del diagnóstico.

La evaluación de estos tratamientos pone de manifiesto el problema de la ausencia de verdaderos mecanismos de mercado en el sistema de salud, donde un tercer pagador (el estado) financia tratamientos prescritos por un médico a un paciente del que no se puede esperar que se comporte como un consumidor racional. La reacción emocional de pacientes y sus familiares subraya la “asimetría de información” con el médico y socava el principal objetivo de los tratamientos terminales, que es el alivio sintomático en la última fase de la vida.

Cuando no basta con los impuestos, los copagos no sólo generan ingresos para el sistema de salud, sino que tienden a corregir el “daño moral” que ocurre cuando los que consumen los recursos no pagan por ellos y por lo tanto no tienen incentivos para consumir con prudencia. Los copagos también tienen inconvenientes: no son justos (porque la gente paga dos veces) y promueven las desigualdades. Además, si su efecto es que la gente tarde más en ir al médico, puede que cuando lo hagan la enfermedad esté más evolucionada y sea más caro tratarla. En tercer lugar, la reducción general del consumo pueden afectar igualmente a tratamientos efectivos y tratamientos inadecuados. Finalmente, los copagos no parecen ir dirigidos a quien hay que dirigirlos, porque las decisiones terapéuticas están principalmente en manos del médico y no en las de un paciente no informado.

En Europa los copagos se pueden clasificar en dos grupos: obligatorios y opcionales. En el primero se sitúan los copagos fijos (como la tasa por prescripción en el Reino Unido o el breve euro por receta en Cataluña) y los copagos de porcentaje (porcentaje del precio del producto, como el 50% de trabajadores activos en España o el 10% de los pensionistas); la cuantía del porcentaje puede variar según el efecto beneficioso esperado del fármaco, es decir según la indicación (en caso de que el fármaco tenga más de una indicación aprobada). Muy a menudo el copago opcional cubre la diferencia de precio entre el precio de referencia (del grupo terapéutico o de la molécula) y el precio del medicamento.

A continuación se argumenta alrededor de lo siguiente: “Los copagos opcionales parecen ser más efectivos para con