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Última actualización: 13/1/2021
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Casazza K, Fontaine KR, Astrup A, Birch LL, Brown AW, Brown MMB, Durant N, Dutton G, Foster EM, Heymsfield SB, McIver K, Mehta T, Menachemi N, Newby PK, Pate R, Rolls BJ, Sen B, Smith Jr DL, Thomas DM, Allison DB. Myths, presumptions, and facts about obesity
The New England Journal of Medicine (N Engl J Med)
31 de enero 2013
Volumen 368 nº 5 página(s) 446

Entre los siete mitos relativos a la obesidad comentados en este artículo, se citan:

Los pequeños incrementos sostenidos de ingesta o de gasto de energía producirán una disminución de peso importante y duradera. No es cierto.

La actividad sexual constituye una buena forma de ejercicio. De hecho, la actividad sexual puede ser intensa, pero no dura lo suficiente para tener un efecto más beneficioso sobre el gasto calórico que mirar la televisión.

La lactancia materna protege al bebé de obesidad en el futuro. De hecho, en los estudios en los que se consideraron los factores de confusión no se halló tal asociación.

El paciente debe fijarse un objetivo específico para perder peso, porque de otro modo podría frustrarse y no perder tanto peso. De hecho los estudios sobre esta cuestión han demostrado que los pacientes que se fijan objetivos más ambiciosos tienen mayor probabilidad de perder más peso.

La pérdida rápida de peso. En un metanálisis de ensayos clínicos en el que se comparó la pérdida rápida de peso (con dieta muy baja en calorías) con una disminución más lenta (con una dieta de 800-1.200 kcal al día) se observó que al cabo de un año se perdía un 16,1% del peso con la primera, comparado con 9,7% con la segunda, pero a más largo plazo no se hallaron diferencias significativas entre ambas modalidades.

La disponibilidad a perder peso. En personas que se inscriben a programas conductuales o sometidas a cirugía para la obesidad, la disponibilidad no se ha mostrado predictiva de la magnitud de la pérdida de peso ni tan sólo de la adhesión al tratamiento.

Las clases de educación física ayudan a prevenir la obesidad infantil. No se ha demostrado que la educación física tal como se practica en la escuela reduzca o prevenga la obesidad. Los resultados de tres ensayos, que se centraron en la ampliación del tiempo dedicado a la educación física, indican que aunque se produjo un incremento del número de días en que los niños acudieron a las clases de educación física, los efectos sobre el IMC fueron inconsistentes en los diferentes subgrupos de edad y sexo. En dos metanálisis se ha demostrado que tampoco los programas especializados realizados en la escuela para promover la actividad física son ineficaces para reducir el IMC ni para reducir la incidencia ni la prevalencia de la obesidad. Casi ciertamente debe existir un nivel de actividad física (una combinación específica de frecuencia, intensidad y duración) que sería eficaz, pero no se sabe si es plausible alcanzar este nivel en medio escolar convencional, aunque la relación dosis-respuesta existente entre la actividad física y el peso merece ser investigada en ensayos clínicos.