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Última actualización: 15/3/2021
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Sepkowitz KA. Energy drinks and caffeine-related adverse effects
Journal of the American Medical Association (JAMA)
16 de enero 2013
Volumen 309 nº 3 página(s) 243-4

En 1911, en aplicación de la Food and Drug Act, agentes de policía de Estados Unidos requisaron 40 kg y 20 barriles de jarabe de Coca-Cola en Chattanooga, Tennessee. El grupo, dirigido por el jefe químico Harvey Wiley, consideraba que la cafeína que contenía la Coca-Cola constituía un peligro para la salud pública (cocaína y alcohol habían sido retirados de la receta en la década anterior). La compañía rebajó el contenido en cafeína de la bebida.

En 2012 la FDA investiga la seguridad de las bebidas energéticas, que contienen cafeína. Se han registrado muertes inesperadas en personas aparentemente sanas, que motivan esta preocupación. La FDA consideró en 2010 que las bebidas que contienen a la vez cafeína y alcohol son peligrosas, porque la cafeína borra “algunos estímulos sensoriales de los que las personas pueden fiarse para determinar su nivel de intoxicación”.

Las bebidas energéticas gozan de gran popularidad, a la vez cambiante. Fueron introducidas en Estados Unidos en 1997 y su consumo ha aumentado desde entonces. Se calcula que en 2005 se consumieron 2.300 millones de envases, y 6.000 millones en 2010. Un 6% de los hombres jóvenes dicen consumirlas diariamente; entre soldados desplazados en misiones la prevalencia alcanza 45%.

La mayoría de las bebidas no informan de su contenido en cafeína en su envase. Los consumidores no conocen la cantidad de cafeína que consumen; se ha registrado casos de intoxicación por cafeína que han dado lugar a cuadros graves y en ocasiones a la muerte.

Un estudio realizado en Suecia, sobre 5.000 autopsias halló que en un 1% los niveles de cafeína eran de más de 10 µg/mL. Esta cifra se compara con un nivel de 1-2 µg/mL tras tomar una taza de café. En 16 años de autopsias se han identificado 20 casos con niveles de cafeína de más de 80 µg/mL, que se consideran letales; en 12 casos la causa de muerte fue intoxicación por cafeína. La causa más frecuente de muerte fue arritmia.

La ingesta de 3 a 10 g de cafeína en un tiempo breve puede ser mortal. La cafeína alcanza concentraciones plasmáticas máximas 15 a 45 minutos después de su ingesta. Es rápidamente metabolizada en el hígado por el CYP1A2 para dar lugar a estimulantes como la teofilina y la teobromina. Se ha registrado variabilidad interindividual en la velocidad de su metabolización. El alcohol y otros fármacos pueden alargar la semivida de eliminación de la cafeína, que habitualmente es de unas 5 h. En la mayoría de los casos una taza de café contiene unos 100 mg de cafeína; algunas bebidas energéticas contienen hasta 250 mg, de modo que para alcanzar la dosis letal de 3 g sería necesario ingerir por lo menos 12 envases de una bebida energética fuerte.

En general se considera que el consumo de menos de 500 mg al día es seguro. El autor afirma que el límite de dosis debería ser más bajo en pacientes “con cardiopatía o con hepatopatía”.

En Suecia la restricción de las ventas de comprimidos de cafeína de 250 a 30 comprimidos por envase pareció seguirse de una disminución del número de casos de intoxicación mortal por cafeína.