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Última actualización: 13/1/2021
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Friedman RA. Grief, depression, and the DSM-5
The New England Journal of Medicine (N Engl J Med)
17 de mayo 2012
Volumen 366 página(s) 1855-7

Casi 2,5 millones de personas mueren cada año, dejando tras de sí un grupo aún mayor de personas en proceso de duelo. Una experiencia reconocida universalmente como pena, o tristeza y valorada como una respuesta emocional de pérdida. Los médicos e investigadores saben desde hace tiempo que, para la gran mayoría de las personas, el dolor normalmente sigue su curso de 2 a 6 meses y no requiere tratamiento.

En un escenario clínico común, un paciente que acaba de perder a un ser querido puede manifestar síntomas depresivos leves, tales como tristeza, llanto e insomnio. Según el posicionamiento del DSM-IV, estos síntomas pueden ser contextualizados y no requerir el diagnóstico de depresión clínica: los síntomas depresivos son leves y la duración no superior a los 2 meses. Sin embargo, el médico puede diagnosticar una depresión mayor, incluso en el contexto de un duelo, si los síntomas depresivos son más graves, o si el paciente tiene una alteración grave del pensamiento. Para que un paciente sea diagnosticado de depresión mayor según el DSM-IV, debe presentar un estado de ánimo deprimido o pérdida del placer junto con cuatro o más síntomas asociados - tales como pérdida de apetito, insomnio o hipersomnia, cambios psicomotores, sensación de fatiga, baja autoestima, concentración disminuida, y pensamientos recurrentes de muerte o suicidio - durante por lo menos 2 semanas).

A veces ambas situaciones quedan separadas por una línea muy fina y es dificil hacer la distinción. Pero, como han señalado numerosos investigadores, el dolor rara vez produce los síntomas cognitivos de la depresión, tales como baja autoestima o sentimientos de inutilidad. Y aunque los pacientes en duelo puede fantasear acerca de reunirse con un ser querido, por lo general no experimentan la ideación suicida persistente, tal como se presenta característicamente en la depresión mayor.

Así, el DSM-IV distingue claramente el duelo normal y esperado después de la pérdida, de los síntomas más persistentes y graves de depresión clínica.

Ahora, sin embargo, la American Psychiatric Association (APA) está considerando hacer un cambio significativo en la definición de depresión en el DSM-V. Se trata de introducir el trastorno depresivo por duelo y acercar los síntomas de una depresión leve al cuadro de depresión mayor. Con este cambio se pasa a medicalizar un duelo normal y se etiqueta de manera errónea a personas sanas con un diagnóstico psiquiátrico. Y al final, la gran beneficiada será la industria farmacéutica, que promueve tratamientos innecesarios con antidepresivos y antipsicóticos, cada vez más utilizados para tratar la depresión y la ansiedad.

Es cierto que las personas afligidas con una historia de depresión mayor tienen mayor riesgo de recurrencia depresiva en el contexto de la pérdida, y deben ser vigiladas ante la aparición de síntomas de alteración cognitiva o pensamiento delirante. También se sabe que el 10 a 20% de las personas en duelo no superan su dolor con facilidad y llegan a desarrollar un síndrome de duelo complicado, caracterizado por un anhelo intenso y persistente por los difuntos, un sentimiento de enojo e incredulidad por la muerte, y una preocupación inquietante con la pérdida.

Pero para la mayoría de las personas, el dolor se resuelve naturalmente por sí mismo. Debido a que la gran mayoría de los pacientes en duelo son visitados por médicos de atención primaria, es fundamental que estos profesionales sepan distinguir ambas situaciones. La profesión médica debe normalizar, no medicalizar la pena.

Nota del editor: El 9 de mayo de 2012, la APA anunció que añadirá una nota en la que se indica que la tristeza con algunos síntomas depresivos leves en el contexto de una pérdida no debe ser necesariamente visto como depresión mayor.