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Última actualización: 13/1/2021
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Anónimo. Living with grief
The Lancet (Lancet)
18 de febrero 2012
Volumen 379 nº 9816 página(s) 589

La American Psychiatric Association está terminando la preparación de la 5ª edición del DSM, la clasificación de las enfermedades mentales.

En ediciones anteriores del DSM se insistía en que es necesario considerar (y generalmente excluir) el duelo antes de diagnosticar depresión. No obstante, el borrador del DSM-5 no excluye el duelo, lo que significa que los sentimientos de tristeza profunda, pérdida, insomnio, lloro, incapacidad para concentrarse, fatiga y falta de apetito que duran más de dos semanas después de la muerte de un ser querido podrían ser diagnosticados como depresión, y no como una reacción normal de pena.

La mayoría de las personas en duelo están tristes, y sólo 6 meses o un año después de la muerte la pena puede entrar en una fase menos intensa. La pena o pesar es una respuesta individual al duelo, conformada por la solidez de la relación con la persona fallecida, las creencias religiosas, las expectativas sociales y el contexto cultural, entre otros factores.

La medicalización de la tristeza, que pretende legitimar su tratamiento habitual con antidepresivos, no es sólo peligrosamente simplista, sino también tendenciosa. Las pruebas sobre la supuesta eficacia de los antidepresivos en el tratamiento del duelo son inexistentes. En muchas personas la pena puede ser una respuesta necesaria al duelo que no debería ser suprimida ni eliminada [suponiendo que se pudiera].

Sin embargo, en algunos casos el duelo puede convertirse en patológico (a veces llamado duelo complicado o prolongado), y la persona afectada puede desarrollar depresión, de modo que puede ser necesario un tratamiento farmacológico o con técnicas no farmacológicas que se han mostrado más efectivas.

En la OMS se discute si en la revisión de la 11ª edición de la CID se incluye el “trastorno de pena prolongada”. [El autor de este artículo minimiza el alcance de esta segunda mala noticia, diciendo que “se tardará otros 18 meses antes de que se apruebe tal definición”.] “El duelo se asocia a resultados adversos en salud física y mental, pero las intervenciones deben dirigirse idealmente a las personas con mayor riesgo de desarrollar una enfermedad o las que presentan pena complicada o depresión, no a todas”.

No se puede esperar que construir una vida sin la persona amada que murió sea rápido, fácil o sencillo. La vida no puede ni debe seguir siendo como antes. En cierto sentido, se debe crear una nueva vida, y se debe vivir con ella. Tras la pérdida de alguien con quien se ha vivido y a quien se ha amado, nada puede volver a ser lo mismo.

La pena no es una enfermedad, sino más bien parte del ser humano y una respuesta normal a la muerte de un ser querido. Es un error poner un límite de tiempo a la pena; los autores del DSM-5 y la CID-11 deberían tomar nota de ello. En ocasiones se desarrolla un trastorno de duelo prolongado o una depresión, que pueden necesitar tratamiento, pero la mayoría de las personas que experimentan la muerte de un ser amado no necesitan tratamiento por un médico ni por un psiquiatra. Para las personas apenadas, lo mejor que puede hacer el médico es ofrecer tiempo, compasión, recuerdos y empatía, y no medicamentos.
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