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Última actualización: 7/7/2020
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Velo G, Moretti U. Ecopharmacovigilance for better health
Drug Safety (Drug Saf)
noviembre 2010
Volumen 33 nº 11 página(s) 963-8

Se calcula que en el mundo anualmente se consumen 100.000 toneladas de antibióticos. Estos productos o sus metabolitos, así como los de los demás medicamentos, son vertidos al medio ambiente. La variedad es inmensa: se calcula que en Europa se usan más de 3.000 fármacos diferentes.

La investigación sobre el impacto ambiental de estos fármacos sólo está comenzando. La ecofarmacovigilancia podría definirse como la ciencia y las actividades que se ocupan de detectar, evaluar, conocer y prevenir los efectos adversos y otros problemas causados por la presencia de sustancias farmacéuticas en el ambiente y que pueden afectar al ser humano y a las demás especies.

El impacto ambiental del uso de medicamentos no es solamente consecuencia de su empleo en la especie humana, sino también de su empleo en veterinaria.

La mayor parte de los medicamentos son hidrosolubles. Su distribución en la fase acuosa del medio ambiente varía según el fármaco. Se consideran tres grandes grupos de fármacos en relación con su impacto ambiental: los que son rápidamente degradados (por ej., ácido acetilsalicílico, AAS), los que son hidrosolubles y estables (por ej., bezafibrato) y los que son liposolubles y estables (por ej., fluoroquinolonas).

Se incluye un gráfico sobre diseminación de fármacos en el medio ambiente. El uso médico o veterinario da lugar a contaminación a través de la diseminación de residuos, cloacas y estiércol, lo que determina la distribución de los fármacos o sus metabolitos a la tierra, el suelo, el agua de superficie, los sedimentos, las capas freáticas y el agua de bebida.

Se citan casos de identificación de fármacos en aguas fluviales (fluoxetina en el Támesis, cocaína en el Po y antidepresivos, antiepilépticos y estatinas en el Niágara y los lagos Notario y Erie, así como AINE (AAS, diclofenac, ibuprofeno, indometacina, ketoprofeno, naproxeno y fenazona), antibióticos (cloranfenicol, eritromicina, lincomicinas, roxitromicina, fluoroquinolonas, tetraciclinas, sulfamidas y trimetoprim), hormonas (17-alfa-estradiol, etinilestradiol, mestranol, 19-noretisterona, progesterona, testosterona y estriol) y antihipertensivos (bloqueadores ß-adrenérgicos como atenolol o metoprolol).

También se ha identificado la presencia de fármacos en el agua de bebida. El primero detectado fue clofibrato en Berlín a mediados de los noventa. También se han identificado bezafibrato, fenazona, carbamacepina, varios tipos de antibióticos, diacepam, diclofenac e ibuprofeno.

Se comenta la presencia de estrógenos en el medio ambiente y su posible relación con la disminución general del recuento espermático entre 1940 y 1990.

Se comentan asimismo iniciativas regionales y globales para estudiar este problema y tomar medidas para prevenir sus efectos indeseables sobre la salud pública.