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Última actualización: 15/3/2021
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Scolding N. The multiple sclerosis risk sharing scheme
British Medical Journal (BMJ)
12 de junio 2010
Volumen 340 nº 7759 página(s) 1255-6

Cuando en 2002 el NICE recomendó no financiar interferones ni glatirámero para el tratamiento de pacientes con esclerosis múltiple, se creó un procedimiento especial para la financiación de estos medicamentos en el NHS.

No hay consenso sobre la eficacia de estos fármacos, ni tampoco del copolímero-1.

Se comentan los artículos de Raftery-88680 (quien afirma que el NHS está pagando el tratamiento de miles de pacientes con esclerosis múltiple pero concluye que los resultados del seguimiento clínico indican que no son eficaces) y de McCabe et al-88681 (quienes examinan las solicitudes de pacientes que han motivado la decisión de no reducir los costes en el sistema de riesgos compartidos). Ambos proponen que el NHS deje de financiar estos fármacos, o bien que se reduzca su coste a cero.

Los ensayos clínicos sobre estos fármacos miden el número de recaídas, como variable principal. Pero dado que el número medio de recaídas es de una al año, es difícil demostrar algún efecto profiláctico de estas recaídas en ensayos clínicos. No obstante, la argumentación para proponer un sistema especial con el fin de que el NHS financiara estos tratamientos no se basó en la reducción de las recaídas, sino en el supuesto efecto preventivo de la incapacidad, algo que no ha sido demostrado en ensayos clínicos. (La relación a largo plazo entre número de recaídas e incapacidad no es directa). De hecho, los ensayos con los fármacos más recientes con potentes anticuerpos monoclonales demuestran que puede proseguir la progresión de la enfermedad a pesar de que se eliminen completamente las recaídas.

Según las previsiones del procedimiento originado en el Ministerio de Salud después que el NICE recomendara no financiar estos medicamentos, los pacientes tratados debían ser sometidos a controles periódicos y se evaluaría y registraría la evolución de la incapacidad. Se preveía que si los fármacos eran más eficaces que lo previsto por el NICE, el NHS asumiría su coste. Pero en caso contrario (si no alcanzaban este nivel de efectividad), los fabricantes de los medicamentos deberían devolver el importe abonado al Ministerio de Salud, o bien reducir su precio.

Ya se ha realizado la primera evaluación de la acumulación de incapacidad entre los 5.000 pacientes tratados con este sistema. Se observó que los pacientes tratados con estos fármacos acumularon más incapacidad que el grupo control histórico no tratado. Los expertos en evaluación de tecnologías en salud y en efectividad clínica han propuesto cumplir el pacto y terminar con el procedimiento de financiación.

No obstante, según el autor será imposible aplicar estas propuestas, porque las reacciones de pacientes, asociaciones de pacientes, organizaciones sin ánimo de lucro y la profesión médica serían “insoportables” para cualquier gobierno.

De todos modos, hay que tener en cuenta que los resultados de la citada evaluación se basan en un estudio no aleatorizado, no a ciegas, con un grupo control histórico, y en el que se aplicó una medida de incapacidad que según Raftery y según McCabe et al “no es adecuada para este fin”. También cabe preguntarse qué se habría hecho si el resultado de un estudio con estas limitaciones metodológicas hubiera sido positivo: ¿debería ser considerado como una prueba que avalara la financiación pública de estos tratamientos?

Por otra parte, se comenta que el resultado más positivo de la puesta en marcha de este procedimiento o sistema especial para la atención de los pacientes con esclerosis múltiple en el Reino Unido ha estimulado el desarrollo de una infraestructura de atención especializada a la esclerosis múltiple, que cuenta con 250 enfermeras especializadas en esta patología.
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