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Última actualización: 12/11/2019
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Horwitz AV. Book review
The New England Journal of Medicine (N Engl J Med)
19 de febrero 2009
Volumen 360 nº 8 página(s) 841-4

Excelente comentario sobre tres libros:

- Happy pills in America: from Miltown to prozac, de David Herzberg. Baltimore, Johns Hopkins University Press, 2009. ISBN 978-0-8018-9030-7 y

- The age of anxiety: a history of America's turbulent affair with tranquillizers, de Andrea Tone. New York, Basic Books, 2009, ISBN 978-0-19-536874-1.

- Before Prozac: the troubled history of mood disorders in psychiatry, de Edward Shorter. New York, Oxford University Press, 2009. ISBN 978-0-19-536874-1.

Algunas reflexiones:

"los tranquilizantes, benzodiacepinas e ISRS son los seguidores del opio, el cannabis y la morfina, que eran muy asequibles en el siglo XIX. Mediante técnicas sofisticadas de promoción comercial dirigidas a una base de usuarios culturalmente respetable, las compañías farmacéuticas han separado con éxito los fármacos psicotropos de sus desacreditados y ahora ilegales progenitores". Además, los psicotropos son vistos ahora como tratamientos para enfermedades específicas, y no como herramientas para obtener un alivio rápido y fiable del estrés y para alcanzar estados más placenteros de la mente. Cada nueva generación de estos fármacos ha sido proclamada muy superior a sus predecesores hasta la expiración de sus patentes y la entrada en el mercado de nuevos fármacos productores de mayores beneficios económicos".

"Las tasas actuales de consumo de antidepresivos ISRS están aumentando. Los CDC comunican que entre 1999 y 2000 unh 10% de las mujeres y un 4% de los hombres usan estos fármacos mensualmente; casi una tercera parte de todos los pacientes que visitan a un médico general recibe prescripciones de antidepresivos".

"Los ISRS son promovidos para el tratamiento de trastornos mentales específicos, sobre todo la depresión mayor, pero también para el trastorno de ansiedad social, el trastorno de estrés postraumático, trastornos de la alimentación, abuso de drogas y muchos otros. Son promovidos en todas partes, en video y en anuncios impresos, en testimonios de personajes célebres, por ejércitos de visitadores médicos y en simposios educativos financiados por las compañías fabricantes. Pero las notificaciones iniciales de que estos fármacos convierten a la gente en "más que mejor" y están desprovistos de propiedades adictivas se convirtieron en afirmaciones de mera buena eficacia y elevada tolerabilidad. Más recientemente, se han notificado muchos efectos indeseados y dependencia ocasional, y algunos investigadores líderes en psiquiatría han sido acusados de graves conflictos de intereses por aceptar pagos no declarados de grandes cantidades de compañías farmacéuticas... Este patrón de percepciones de la última generación de psicotropos (primero promesas y después defectos demostrados) no es nuevo. Ahora está claro que los ISRS constituyen el último tratamiento promovido para los llamados trastornos de neurastenia".

"Antes de que llegara el prozac, el Miltown (meprobamato) y luego Librium (clordiacepóxido) y Valium (diacepam) habían sido promovidos como fármacos milagrosos que podían ser utilizados para ayudar a tratar una amplísima variedad de problemas vitales, desde la tensión, nervios e irritabilidad a la menopausia, la delincuencia juvenil, dificultades familiares y de pareja y problemas laborales".

"Al cabo de un año de la comercialización de Miltown en 1955, ya uno de cada 20 ciudadanos de Estados Unidos lo habían usado. En el momento de popularidad máxima de los tranquilizantes, a mediados de los años setenta, se hacía más de 100 millones de prescripciones de estos fármacos cada año, y alrededor de un 15% de la población declaraba que los había usado en el año anterior. Tras las elevadas y no realistas expectativas sobre las propiedades de estos fármacos, una reacción no realista de magnitud parecida acabó con ellos. A comienzos de los años setenta los tranquilizantes fueron estigmatizados como objeto de abuso generalizado y como fármacos peligrosos que podían dar lugar fácilmente a dependencia y adicción. En 1980 su empleo había disminuido fuertemente, pero dado que sus patentes habían expirado, sus fabricantes no tenían incentivos para financiar investigación que pudiera refutar estas afirmaciones y restituir (la percepción) de su efectividad y seguridad".

"...los primeros tranquilizantes eran mucho más eficaces y no tenían más efectos indeseados que los ISRS. A diferencia de los ISRS, los fármacos anteriores producen alivio inmediato, no necesitan ser tomados de manera continuada para producir sus efectos, eran más eficaces para ayudar a los pacientes a superar el estrés de la vida cotidiana y tenían efectos indeseados menos graves".

"...los ISRS son uno de los grupos farmacológicos menos eficaces en la historia de la psicofarmacología..."... "adquirieron preeminencia por su eficacia ligeramente superior a la de placebo, pero no porque fueran mejores que los tranquilizantes. Dada la falta de interés de las compañías farmacéuticas por determinar si los fármacos ya no patentados son iguales o superiores a los más provechosos, es poco probable que tengamos algún día respuetas definitivas...".

"El segundo factor que explica el incremento de lo ISRS... fue consecuencia de... el desarrollo de la definición de trastorno depresivo mayor en el DSM III en 1980. Esta definición no fue consecuencia de pruebas empíricas, sino de intentos de aumentar el nivel científico de la psiquiatría y la fiabilidad de los diagnbósticos. Condujo a la creación de "una talla que va bien a todos los diagnósticos" que incorporó una mezcla heterogénea de trastornos, entre ellos muchos problemas vitales mal definidos y trastornos depresivos genuinos".