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Última actualización: 8/12/2019
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Stiglitz JE. Trade agreements and health in developing countries
British Medical Journal (BMJ)
31 de enero 2009
Volumen 373 nº 9661 página(s) 363-5

Los políticos alaban el libre comercio por haber dado lugar a una era de alto crecimiento sostenido. Las pruebas en apoyo de estas afirmaciones son ambiguas. Los estudios que asocian los incrementos del volumen comercial con aumentos del producto nacional bruto a menudo dejan muchas dudas sobre la relaciónd e causa a efecto entre uno y otro: el crecimiento acelerado, que es resultado por ejemplo de una política industria fuerte, típicamente da lugar a más intercambios comerciales. El crecimiento económico de China e India ha precedido la liberalización comercial. Un estudio del Programa de Desarrollo de la ONU demostró una escasa relación entre liberalización del comercio y crecimiento.

A pesar de que hay otros factores que contribuyen a ello, la liberalización del comercio se asocia a crecimiento de las desigualdades en la mayoría de los países. Sobre todo cuando se realiza junto a liberalización de los mercados de capitales y financieros, ha dado lugar a una inestabilidad sin precedentes, incluso en países con políticas económicas razonables en otros aspectos. Además, la liberalización comercial ha perjudicado a los países en desarrollo, los cuales son muy dependientes de las tarifas, y les ha impedido beneficios necesarios. La combinación resultante de incrementos de la pobreza y tensiones sociales es una receta para que el nivel de salud empeore.

Sin embargo, es posible que las peores consecuencias adversas para la salud sean consecuencia de los contenidos de los acuerdos comerciales destinados a restringir el acceso a los medicamentos genéricos. Estos son los Acuerdos sobre Aspectos Comerciales Relativos a la Propiedad Intelectual (ADPIC, TRIPS) de la Ronda Uruguay de 1994, así como las cláusulas sobre exclusividad de datos que se han convertido en parte habitual de los tratados comerciales bilaterales de Estados Unidos y la Unión Europea.

El problema fundamental del sistema de propiedad intelectual (patentes) es sencillo: se basa en limitar el uso del conocimiento. El acceso de una persona más a los beneficios del conocimiento no produce costes adicionales. Restringir el conocimiento es por lo tanto ineficiente, pero el sistema de patentes también conlleva poder monopolístico (temporal), que da lugar a enormes ineficiencias económicas. En Estados Unidos, los precios elevados determinan que los medicamentos resulten muy costosos para las personas no aseguradas; en los países pobres la gente no puede adquirir medicamentos de marca, pero podría adquirir genéricos. Así por ejemplo, las versiones genéricas de antirrerrovirales de primera línea han reducido el coste del tratamiento en un 99% desde 2000, desde 10.000 $ a 130 $ por paciente y año.

Los defensores de la propiedad intelectual argumentan que esta perotección es necesaria para ofrecer incentivos para la investigación. Pero las compañías farmacéuticas gastan mucho más dinero en publicidad y promoción que en investigación, mucho más en investigación sobre fármacos "de estilo de vida" que en fármacos para mejorar la esperanza de vida, y casi no gastan nada en la investigación sobre el tratamiento de las enfermedades que afectan a los países pobres, como el paludismo. La razón es económica: las compañías dirigen su investigación hacia donde está el dinero, independientemente de su valor social. Los pobres no pueden pagar los medicamentos, y en consecuencia hay escasa investigación sobre sus enfermedades, independientemente de su coste social.

Además, existe escasa relación entre los beneficios privados y los sociales. Un fármaco yo también puede producir beneficios elevados, a pesar de que su valor social sea escaso. Además, las compañías han competido para ganar la carrera del genoma humano, con el fin de obtener patentes sobre genes, como el BRCA1 o el BRCA2 en el cáncer de mama. El valor de esta competencia fue mínimo: el conocimiento sólo fue producido un poco antes de cuando se habría producido de otro modo. pero el coste social fue enorme, y superó en mucho el del despilfarro causado por la duplicación de la investigación genética. En Estados Unidos, el elevado precio que Myriad Genetics, propietaria de las patentes sobre el BRCA, impondrá por las pruebas genéticas (más de 2500 $) implicará que muchas mujeres que podrían ser sometidas a la prueba, descubrir que están en riesgo y tomar medidas adecuadas, no lo harán y morirán a consecuencia de ello.

Los defensores del comercio afirman que en la OMC hay medidas de flexibilización previstas que permiten el acceso a medicamentos esenciales, mediante el registro obligatorio. Pero estas medidas fueron diseñadas para dificultar a los países que promulguen estos registros. Si hubieran querido que los países pobres tuvieran acceso a los medicamentos esenciales, habrían permitido registros automáticos para todos los medicamentos excepto los que no son esenciales. Cuando Tailandia o Brasil propusieron registros obligatorios de algunos medicamentos, sufrieron presiones enormes de Estados Unidos para no hacerlo. Con el fin de dificultar todavía más a los gobiernos para legislar y tomar medidas para conceder licencias que compensen los efectos sociales de estas medidas, los acuerdos comerciales permiten al sector privado demandar a los gobiernos a través de la OMC. (Para la mayoría de los demás bienes comerciales, son sólo los gobiernos los que pueden demandar a través de la OMC).

Las cláusulas de exclusividad de datos de los acuerdos comerciales bilaterales son todavía peores en muchos aspectos. Limitan el uso de datos de compañías farmacéuticas (a pesar de que hayan sido generados por investigación con financiación pública o de que hayan sido publicados) para validar la seguridad y la eficacia (de los medicamentos genéricos presentados a registro por fabricantes de genéricos). Algunos de los tratados comerciales parecen limitar el uso de la bioequivalencia. Si se puede demostrar que un medicamento genérico es bioequivalente a un medicamento de marca anteriormente aprobado, ¿por qué no debería ser también aprobado? Además, si un fármaco se ha mostrado seguro y eficaz, evaluar un genérico equivalente en comparación con placebo genera problemas éticos. La exclusividad de datos (con otras cláusulas relacionadas) puede por lo tanto alargar la vida efectiva de una patente hasta 10 años más.

Pero a diferencia de lo que ocurre con las patentes, las demandas contra la exclusividad de datos en los tribunales parecen imposibles, y preocupa que la exclusividad de los datos pueda incluso impedir la caducidad de las patentes.

Estos efectos adversos de la liberalización del comercio y de los acuerdos comerciales sobre la salud no son inevitables. Son el resultado de la manera cómo se ha gestionado el comercio: para aumentar los beneficios de las compañías farmacéuticas, no para mejorar la salud de las poblaciones de los países pobres. Tal como he propuesto, junto con Richard Smith y otros colegas en un artículo de la serie de Lancet sobre comercio y salud globales, es posible reformar las reglas comerciales y la manera de financiar y promover la investigación sobre fármacos de modo que mejore la salud, e incluso se disminuyan los costes.
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