Sistema de Información Esencial en Terapéutica y Salud

@SIETES7

Última actualización: 5/4/2020
SIETES contiene 92957 citas

 
Ref. ID 81505
 
Tweet
Pegler S, Healy B. In patients allergic to penicillin, consider second and third generation cephalosporins for life threatening infections
British Medical Journal (BMJ)
10 de noviembre 2007
Volumen 335 página(s) 991

Muchos pacientes dicen ser alérgicos a la penicilina. Se dice que entre los pacientes en los que se ha podido confirmar una verdadera alergia de tipo I (anafilaxia), con urticaria, erupción pruriginosa, etc., la prevalencia de reactividad cruzada con las cefalosporinas es de 10%. Esta cifra es una sobreestimación. En este artículo se argumenta que en caso de infección grave, que amenace la vida del paciente, en la que un antibiótico que no sea una cefalosporina constituiría una opción subóptima, se debe optar por una cefalosporina de segunda o de tercera generación, como ceftriaxona, cefotaxima, cefuroxima o ceftazidima, según la indicación clínica.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que se abusa del término "alergia". A menudo es usado para describir cualquier tipo de intolerancia a la penicilina (como náusea, diarrea o vómito). La alergia de tipo 1 (anafilaxia) es definida por una prueba cutánea, pero es clínicamente reconocible por la urticaria, el edema de laringe, el broncospasmo, la hipotensión o la inflamación local en las 72 h siguientes a la administración del antibiótico. La verdadera incidencia de alergia a la penicilina entre estos pacientes es de 7 a 23% (cifra derivada de dos series de 776 y 726 pacientes estudiados con la prueba cutánea). Un análisis retrospectivo de efectos indeseados recogidos en el curso de 210 ensayos clínicos en un total de 2.539 pacientes tratados con ceftacidima y de información de estudios postautorización indicaría que el riesgo de anafilaxia por cefalosporinas es bajo, del orden de entre 0,1% y 0,0001%.

La cifra citada con frecuencia de alergia cruzada con cefalosporinas en 10% de los pacientes alérgicos a la penicilina se basa en resultados de revisiones sistemáticas de los años setenta, en 17.540 y 15.708 pacientes en los que se examinó la presencia de alergia a las cefalosporinas en pacientes alérgicos y no alérgicos a la penicilina. En estas revisiones se sobreestimó la verdadera frecuencia de alergia cruzada porque hasta 1982 se habían producido penicilinas a partir del hongo productor de cefalosporina, y las cefalosporinas utilizadas en los análisis estaban contaminadas por penicilina. Además, parece ser que los pacientes alérgicos a la penicilina tienen un riesgo tres veces mayor de efectos adversos de otros fármacos, comparados con los pacientes sin este antecedente; esto no se tuvo en cuenta en las revisiones citadas. Además, en estas series la definición de alergia era imprecisa, e incluyó casos de sensibilidad cruzada.

Una revisión narrativa que mostraba falta de reactividad cruzada entre las cefalosporinas de segunda y tercera generación fue confirmada por los resultados de un metanálisis de seis estudios en un total de 2.387 pacientes con supuesto antecedente de alergia a la penicilina y 44.897 sin este antecedente, en el que se demostró que el riesgo de reactividad cruzada depende de la generación de la cefalosporina. En los pacientes con antecedente de alergia a la penicilina se halló un riesgo [OR=4,79 (IC95%, 3,71-6,17)] de presentar una reacción alérgica a una cefalosporina de primera generación o cefamandol mucho más alto que el asociado a cefalosporinas de segunda [OR=1,13 (IC95%, 0,61-2,12)] o tercera [OR=0,45 (IC95%, 0,18-1,13)] generación.

Se cree que las cefalosporinas de primera generación, que poseen una cadena lateral parecida a la de la penicilina, son las que pueden presentar reactividd cruzada con las penicilinas, pero incluso con estas el riesgo atribuible está más cerca de 0,5% que de 10%.

Las cefalosporinas de segunda y tercera generación, como ceftriaxona, cefotaxima, cefuroxima y ceftacidima, tienen poca probabilidad de presentar reactividad cruzada, porque tienen cadenas laterales diferentes de las de la penicilina.

Cuando un paciente refiera un antecedente de alergia a la penicilina, debe ser interrogado con detalle con el fin de determinar la probabilidad de verdadera alergia, y se debe valorar si los síntomas descritos son consistentes con una reacción alérgica de tipo 1. Los pacientes que no presentaron signos o síntomas de alergia de tipo 1 (anafilaxia, local o generalizada) pueden ser tratados con cualquier cefalosporina.

Para los pacientes con síntomas sugestivos de alergia de tipo 1 a la penicilina se deben evitar todas las cefalosporinas si presentan una infección benigna o moderada y si se dispone de un antibiótico alternativo adecuado. En las infecciones graves, cuando será subóptimo dar un antibiótico que no fuera una cefalosporina, se debe considerar la administración, bajo observación, de una cefalosporina de segunda o de tercera generación con una cadena lateral diferente de la de la penicilina sospechosa de haber producido el primer episodio de anafilaxia.