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Última actualización: 26/10/2020
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MacMahon S, Beal B, Rodgers A. Hypertension - time to move on
The Lancet (Lancet)
19 de marzo 2005
Volumen 365 página(s) 1108-9

En los últimos años las guías de práctica clínica han redefinido repetidamente la hipertensión, de manera que la población definida como hipertensa ha aumentado; actualmente entre una cuarta y una quinta parte de la población adulta cumple criterios de las definiciones de hipertensión. La séptima veersión de la Joint National Commisssion norteamericana ha ido aún más lejos, y ha dfinido una categoría de individuos con "prehipertensión".

No obstante, estas clasificaciones categóricas están en contradicción con el hecho que la relación de la presión arterial con el riesgo cardiovascular es de variables continuas, y además la interacción entre hipertensión y riesgo depende de muchos otros fctores, algunos plenamente identificados.

De hecho, dado que la gente sin hipertensión es más numerosa que la gente con hpertensión (por lo menos hasta que una nueva guía de práctica clínica modifique la definición hacia valores más bajos), y dado que la relación entre presión arterial y riesgo cardiovascular es tan real entre los individuos "hipertensos" y los no hipertensos, la mayoría de los acontecimientos cardiovasculares en la totalidad de la población general ocurren en individuos sin hipertensión. Aunque la hipertensión sea la primera causa de mortalidad en el mundo, menos de un 40% de esta morbididad es debida a la hipertensión tal como se la define en la actualidad.

Vistos estos hechos, la única razón para mantener una definición de hipertensión más restringida sería una prueba de que los tratamientos hipotensores no son eficaces en individuos sin hipertensión.

Los ensayos clínicos muestran que la magnitud del efecto beneficioso relativo es la misma en individuos con valores altos de presión arterial, que en individuos con valores bajos. No obstante, la magnitud del efecto beneficioso absoluto es mucho mayor en los individuos con valores altos de presión arterial, y sobre todo en los que presentan otros factores de riesgo cardiovascular.

Por estas razones, ¿por qué se persiste con esta focalización sobre el tratamiento de la hipertensión, en lugar de la prevención de la patología asociada a la hipertensión? De hecho, con los antiagregantes plaquetarios y las estatinas no se limita el tratamiento a los que presentan una elevada agregación plaquetaria o a los que presentan hipercolesterolemia. La magnitud del efecto beneficioso del tratamiento depende del riesgo cardiovascular global de cada paciente, y no de cada factor por separado.

Las definicione actuales de hipertensión tienen sus raíces históricas, y proceden de la hipertensión maligna, una enfermedad actualmente muy rara en los países desarrollados, y que tenía muy mal pronóstico. Pero a pesar de que han disminuido los dinteles de las sucesivas definiciones, se ha seguido manteniendo la dicotomía entre hipertensión y no hipertensión. Esta dicotomía ha sido reforzada por la creación de sociedades, ligas y reuniones científics sobre hipertensión, y no sobre presión arterial. (De hecho, un tratamiento antihipertensivo puede estar justificado en un paciente con cifras normales de presión arterial, pero con otros factores de riesgo cardiovascular).

Otra explicción de la dicotomía absurda hay que encontrarla en el contexto normativo, en el que muchos antihipertensivos son aprobados para el tratamiento de la hipertensión, pero no para la prevención de la enfermedad cardiovascular. Esta situación contrasta con la de las estatinas, para las que los intereses principales de médicos, gestores y compañías farmacéuticas y reguladores se ha deslizado del diagnóstico, clasificación y tratamiento de la hipercolesterolemia a la evaluación del riesgo cardiovascular.

La industria farmacéutica ha jugado también sin duda su papel, interesada en mantener el interés por la hipertensión, porque su tratamiento se ha convertido en uno de los mercados más lucrativos para las compañías farmacéuticas. Su cuantía global fue de unos 36.000 millones de US% en 2002, y los cuatro antihipertensivos de mayores ventas alcanzaron en conjunto 8.000 millones de US$. Por lo tanto, existe un poderoso incent