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Última actualización: 30/3/2020
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Ref. ID 63140
 
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McCracken Jr GH. Rich nations, poor nations, and bacterial meningitis
The Lancet (Lancet)
2002
Volumen 360 página(s) 183

El artículo de Molyneux et al-63145 ilustra claramente el mal pronóstico de los lactantes y niños con meningitis en los países pobres. Se trata del ensayo clínico a doble ciego y controlado con placebo más amplio sobre la adición de dexametasona al tratamiento de la meningitis bacteriana. El corticoide fue administrado correctamente antes de la primera dosis parenteral de antibiótico, y las evaluaciones de seguimiento fueron también apropiadas. La interpretación de los resultados y la conclusión de que la dexametasona no mejoró el curso clínico de los lactantes y niños de Malawi con meningitis bacteriana son correctos. Diversos factores influyen sobre el efecto de la dexametasona sobre la inflamación meníngea: momento de la administración, gravedad de la enfermedad antes de su diagnóstico, tipo de antibiótico y las concentraciones y fase de proliferación (rápida o bien estacionaria) de los gérmenes presentes en LCR. El principal efecto beneficioso de los corticoides en el tratamiento de la meningitis bacteriana sería la reducción de la sordera como secuela de la enfermedad. Los antibióticos ß-lactámicos como la ceftriaxona y la cefotaxima dan lugar a una rápida lisis de las bacterias sensibles en LCR, con la liberación resultante de productos de la pared bacteriana, que incitan la respuesta inflamatoria meníngea. La dexametasona bloquea la producción de factor de necrosis tumoral y de interleucina 1, citocinas fundamentales en este proceso, y su eficacia es máxima cuando es administrada antes de los antibióticos, en el momento del diagnóstico. Los corticoides no revierten la lesión del SNC que ya haya ocurrido como consecuencia de la inflamación, el edema cerebral, el incremento de la presión intracraneal y la trombosis vascular. Los pacientes del ensayo de Molyneux et al presentaban enfermedad grave asociada a desnutrición e infección concomitante por VIH, eran pequeños (de corta edad) y acudieron al hospital tras un retraso que dio lugar a una elevada letalidad y morbididad a largo plazo por neumococo y Haemophilus. Para la mayoría de los participantes el tratamiento inicial había sido penicilina y cloranfenicol, los cuales se mostraron inactivos sobre los gérmenes productores por lo menos en una quinta parte de los cultivos de Haemophilus y de neumococo. Los antibióticos bactericidas que actúan inhibiendo la síntesis de proteínas, como el cloranfenicol, las quinolonas o la rifampicina, liberan cantidades de sustancias proinflamatorias sustancialmente menores. Por lo tanto es de suponer que estos antibióticos no produjeran una lisis rápida inicial de células bacterianas para dar lugar a la respuesta inflamatoria meníngea secundaria observada con ceftriaxona y otros ß-lactámicos
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