Sistema de Información Esencial en Terapéutica y Salud

@SIETES7

Última actualización: 26/10/2020
SIETES contiene 93135 citas

 
Ref. ID 103662
 
Tweet
Hart LA, Phelan EA, Yi JY, Marcum ZA, Gray SL. Use of fall eisk-increasing drugs around a fall-related injury in older adults: a systematic review
Journal of the American Geriatrics Society (J Am Geriatr Soc)
junio 2020
Volumen 68 nº 6 página(s) 1334-43

En esta revisión sistemática se examinaron la prevalencia del consumo de fármacos que incrementan el riesgo de caídas en personas de edad avanzada, si el consumo de estos fármacos se redujo después de sufrir una caída registrada en la historia clínica, y si las intervenciones para reducir el consumo de estos fármacos redujo la incidencia subsiguiente de caídas en personas con antecedente de caída.

Se incluyeron estudios observacionales y ensayos clínicos que evaluaran (o intervinieran sobre) el consumo de fármacos que aumentan el riesgo de caída en personas de 60 años o más que hubieran sufrido una caída.

Se incluyeron 10 estudios observacionales y 4 ensayos clínicos. La prevalencia de consumo de fármacos que aumentan el riesgo de fractura fue de entre 65% y 93%. Los más consumidos fueron antidepresivos e hipnosedantes.

De los 10 estudios observacionales, solamente en dos el diseño fue adecuado para capturar modificaciones del consumo de los fármacos de interés tras una lesión debida a una caída.

En tres ensayos clínicos en diferentes contextos (hospital, servicio de urgencias y farmacia comunitaria) con seguimiento de 12 meses, no se halló reducción de la incidencia de caídas tras la aplicación de intervenciones para reducir el consumo de los fármacos que las favorecen, a pesar de que en el tercero de ellos se halló una reducción del consumo de los fármacos de interés.

En un estudio de intervención no aleatorizado (antes y después) realizado en un centro de geriatría, se redujo la incidencia de caídas en el grupo de intervención.

Los fármacos considerados fueron depresores de sistema nervioso central, cardiovasculares y otros. Los depresores de sistema nervioso consdierados fueron ansiolíticos (incluidas las benzodiacepinas), antidepresivos, antipsicóticos, opioides, anticolinérgicos, antihistamínicos, antivertiginosos y antiparkinsonianos, pero no se consideraron ni gabapentina ni pregabalina, fármacos que afectan seriamente la estabilidad en la marcha. Entre los cardiovasculares se consideraron todos los antihipertensivos sin distinción (lo que puede haber dado lugar a infraestimación del riesgo, dado que algunos de estos fármacos prácticamente no dan lugar a hipotensión ortostática), antiarrítmicos, vasodilatadores (incluidos nitratos), digoxina, y en un estudio los diferentes grupos de antihipertensivos por separado. El tercer grupo de fármacos considerados incluyó hipoglucemiantes, bloqueadores ß-adrenérgicos en gotas oculares y antagonistas adrenérgicos alfa.

Los autores concluyen que se dispone de escasos datos sobre la prevalencia del consumo de fármacos que incrementan el riesgo de caída en personas de edad avanzada que han experimentado una caída. No se halló reducción del consumo de estos fármacos tras la atención a las lesiones producidas por la caída. Dudan de que la reducción del consumo de fármacos que favorecen las caídas, como medida aislada, pueda ser efectiva para reducir el riesgo de otras caídas.