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Última actualización: 20/1/2020
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Moncrieff J. Re: Esketamine for treatment resistant depression. Putting drug company interests over the public good
British Medical Journal (BMJ)
23 de septiembre 2019
Volumen 366 página(s) l5572

La autora manifiesta su sorpresa por el editorial de BMJ que apoya el último proyecto de la industria farmacéutica para aprovecharse de la epidemia moderna de miseria. La esketamina fue autorizada por la FDA para el tratamiento de la depresión resistente sobre la base de pruebas muy débiles.

Es más, la propia existencia de depresión resistente al tratamiento es una prueba más de la falta de efectividad de los tratamientos farmacológicos.

La comunidad científica debe hacer un llamamiento a la EMA para que se resista a que se le ofrezca otra sustancia química a un público que ni sospecha que sus efectos beneficiosos no han sido demostrados y que los daños que produce no han sido evaluados.

El interés por la esketamina procede en parte de la experiencia en la utilización de psicodélicos como tratamiento adyuvante de la psicoterapia. La idea básica de este movimiento es que experimentar un estado alterado de conciencia en un contexto terapéutico que dé apoyo al paciente podría constituir una “experiencia curativa”. La administración de unas pocas inyecciones de ketamina por vía intravenosa se utiliza en numerosas clínicas privadas, y es anunciada como que ayuda a romper el ciclo de la depresión. Esta concepción puede parecer simplista, pero por lo menos tiene una lógica transparente.

El concepto sobre el que se basa la esketamina es diferente; es presentada como un nuevo fármaco antidepresivo para consumo continuado y prolongado. Esto es lo que la hace rentable, porque sabemos que muchas de las personas que comienzan a consumir antidepresivos se quedan enganchados a ellos por años. Al igual que con otros antidepresivos, se nos sugiere que actúa sobre algún mecanismo neuronal hipotético, cuando es más probable que sus característicos efectos de alteración de la mente simplemente enmascaren o sean más intensos que las sensaciones depresivas, del mismo modo que el alcohol puede “rebajar tus penas” de manera temporal.

A pesar de ello, las pruebas de efectos beneficiosos de la esketamina son muy débiles. Sólo uno de los tres ensayos clínicos sobre tratamiento agudo presentados a la FDA dio resultados favorables al fármaco, aunque la diferencia entre esketamina y placebo no fue gran cosa, teniendo en cuenta la elevada respuesta a placebo, y que con este fármaco es difícil que se pueda mantener la situación de doble ciego.

Los ensayos sobre tratamiento agudo sólo duraron 28 días; no hay prácticamente ningún dato sobre los efectos adversos del tratamiento prolongado, aunque sabemos de la experiencia del uso recreativo de ketamina que puede dar lugar a problemas vesicales graves, y que el consumo prolongado de euforizantes como el éxtasis puede por sí mismo ser causa de depresión. También sabemos que se puede tardar tiempo en reconocer algunos efectos adversos graves, como ocurrió con la discinesia tardía causada por los antipsicóticos, o con el largo síndrome de abstinencia y la disfunción sexual persistente causada por los ISRS.

Dejar que se desarrolle la investigación más importante después de autorizar la comercialización del fármaco, como ha hecho la FDA en EEUU, y como los autores del editorial proponen para Europa, constituye un peligro público, que además sitúa a las personas con depresión como cobayas inconscientes de serlo, en un experimento farmacéutico enorme y no regulado.
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