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Última actualización: 18/9/2019
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Avery AJ, Bell BG. Rationalising medications through deprescribing
British Medical Journal (BMJ)
7 de febrero 2019
Volumen 364 página(s) l570

Comentario/revisión saludable sobre la desprescripción. Saludable porque subraya la falta de “pruebas” de sus efectos beneficiosos, y al hacerlo pone de manifiesto el desinterés por investigar estrategias no sólo no farmacológicas, sino atípicas del quehacer actual de la medicina. Quizá porque los conceptos no son precisos.

“Dicho en términos sencillos, la desprescripción es el proceso de retirar fármacos para intentar mejorar los resultados”. [Esta definición podría tener más carácter clínico. La desprescripción no es más que un aspecto del proceso de la prescripción, que debe basarse en una cuidadosa anamnesis farmacológica y en la consideración de la conveniencia de cada uno de los tratamientos que recibe el paciente. También podría tener más carácter contextual: cuando falta longitudinalidad en la relación del usuario con el sistema de atención a la salud, es difícil que alguien tenga una visión de conjunto del paciente.]

Los escasos estudios indican que en conjunto la desprescripción parece ser segura.

En un metanálisis (MA) de ensayos clínicos (EC) no se registró reducción de la mortalidad resultante de estrategias de desprescripción, aunque en un análisis de subgrupos limitado a las intervenciones dirigidas a los pacientes (en contraposición a la educación de los clínicos) se registró una reducción de la mortalidad [OR=0,62 (IC95%, 0,43-0,88)].

En otro MA, las estrategias para reducir la polifarmacia no redujeron la mortalidad, ni tampoco los ingresos hospitalarios. Por lo menos 15 estudios han examinado los efectos de la desprescripción sobre la calidad de vida, y sólo en uno se registró un efecto beneficioso (que fue modesto).

Las recomendaciones y evaluaciones publicadas insisten en que, si se realiza correctamente, la desprescripción es compleja y requiere tiempo. Cuando el paciente toma varios fármacos, cada uno de ellos debe ser cuidadosamente evaluado en términos de posibles beneficios y daños, indicación terapéutica, posibles interacciones, preferencias del paciente y cuidadores, y adhesión.

En un estudio en Escocia se estimó que esto necesita hasta 30 minutos de un médico y 75 minutos de un farmacéutico. Los servicios sanitarios no deben hacerse la ilusión de que se pueden obtener efectos beneficiosos en las consultas únicas y breves típicas de la medicina general en Gran Bretaña. Se debe invertir en financiar a farmacéuticos, médicos o equipos multidisciplinarios para efectuar esta tarea.”

“Algunos aspectos clave son fijarse sobre todo en lo que importa al paciente e insistir en empoderar y apoyar a los pacientes en sus tomas de decisiones sobre los medicamentos que toman… Hay además un fuerte argumento ético: respetar las autonomía exige una discusión detallada de los efectos beneficiosos y riesgos esperados de todos los medicamentos, reconocer que estas apreciaciones pueden cambiar con el tiempo, sobre todo para los pacientes de edad avanzada o con fragilidad creciente.”

“Es necesaria más investigación que ayude a identificar estrategias para la desprescripción, y es importante que sea realizada en colaboración con los pacientes. Sin embargo, vistas las pruebas sustantivas razonables disponibles hasta ahora, es poco probable que veamos grandes innovaciones en este campo. Probablemente lo mejor que podemos esperar son reducciones modestas de la carga de medicación y de la prescripción peligrosa, y mejoras modestas del bienestar de los pacientes. Dada la complejidad de su aplicación, también es probable que el ahorro producido sea modesto.”