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Última actualización: 9/11/2018
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McCall C. Biosimilars for insulin: a cost-saving alternative?
The Lancet (Lancet)
11 de agosto 2018
Volumen 392 nº 10146 página(s) 463-4

En los últimos años antes de que la patente de insulina glargina caducara, Sanofi mantuvo numerosos procesos judiciales en EEUU orientados a impedir la comercialización de versiones biosimilares.

EN 2014, irónicamente, fue su competidor Eli Lilly, en colaboración con Boehringer Ingelheim, quien consiguió la primera autorización de la EMA con su insulina glargina biosimilar (Abasaglar® en la UE, Basaglar® en EEUU).

Al mismo tiempo, Sanofi obtuvo la autorización de Admelog®, un biosimilar de la insulina lispro (originalmente Humalog® de Lilly) en la UE y en EEUU.

Sanofi estima en 4.620 M$ el volumen de negocio de su insulina glargina en 2017; esta cifra equivale a un 13,2% de todas las ventas de Sanofi.

El mercado de la insulina ha estado dominado por tres compañías: Novo Nordisk, Sanofi y Lilly. Se teme que estas compañías han pactado precios (a pesar de que lo han negado). Un estudio publicado en 2016 concluyó que en EEUU el coste medio de la insulina casi se triplicó entre 2002 y 2013.

El fabricante indio de genéricos Biocon, en colaboración con Mylan, comercializa Semglee®, una insulina glargina biosimilar. Se calcula que este y otros biosimilares pueden llegar a reducir el coste de la insulina glargina en un 40 a 50%.

No obstante, la complejidad del desarrollo de un medicamento biosimilar (en comparación con un genérico convencional) no puede reducir el coste tanto como lo haría el desarrollo de un genérico.