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Última actualización: 19/1/2018
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Han B, Compton WM, Blanco C, Crane E, Lee J, Jones CM. Prescription opioid use, misuse, and use disorders in U.S. adults: 2015 National survey on drug use and health
Annals of Internal Medicine (Ann Intern Med)
5 de septiembre 2017
Volumen 167 nº 5 página(s) 293-301

En el contexto de la grave epidemia de muertes por intoxicación por opiáceos en EEUU, hay escasa información disponible sobre los patrones de uso de fármacos opiáceos. El objetivo de este trabajo fue estimar la prevalencia del uso, abuso y consecuencias adversas de los fármacos opiáceos de prescripción médica en personas adultas, a partir de los resultados de la encuesta nacional sobre uso de medicamentos y drogas y salud, con la participación de 72.600 adultos no institucionalizados, de los que 51.200 completaron el cuestionario.

Los resultados ajustados indican que en 2015, 91,8 millones de personas (un 37,8% de la población del país) recibieron algún opiáceo de prescripción, 11,5 millones (4,7%) abusaron de estos fármacos, y 1,9 millones (0,8%) presentaban una patología de dependencia.

De las personas que recibieron un opiáceo de prescripción, un 12,5% notificó abuso. De éstos, 16,7% notificó una patología de dependencia del fármaco.

La motivación más frecuente del abuso fue el alivio de dolor físico (63,4%).

La prevalencia de abuso y de dependencia fue más frecuente entre las personas sin seguro médico, en paro, con ingresos bajos o con problemas de salud mental.

Entre las personas que notificaron abuso, un 59,9% declaró conseguir los fármacos sin receta, y un 40,8% los obtenía gratuitamente de amigos o parientes en ocasión de su más reciente episodio de abuso.

Los autores reconocen que la validez de este estudio es limitada dada su naturaleza transversal.

Concluyen que más de una tercera parte de los adultos civiles no institucionalizados de EEUU dijo haber consumido un opiáceo en 2015, y cantidades considerables notificaron abuso y problemas relacionados con dependencia de estos fármacos. Añaden: “Los resultados subrayan la necesidad de mejorar el acceso a un tratamiento del dolor basado en pruebas y de disminuir la prescripción excesiva que puede facilitar que queden opiáceos no utilizados que resultan disponibles para su mal uso.

El estudio fue financiado por el Departamento de Salud de EEUU.