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Última actualización: 16/8/2018
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Becker WC, Fiellin DA. Abuse-deterrent opioid formulations - Putting the potential benefits into perspective
The New England Journal of Medicine (N Engl J Med)
1 de junio 2017
Volumen 376 nº 22 página(s) 2103-5

En este interesante artículo se critica la orientación mercantilista que se está dando al tratamiento de la gran epidemia de muertes por sobredosis de opiáceos en EEUU. La orientación mercantilista consiste básicamente en ofrecer más fármacos que acompañen a los analgésicos opiáceos (naloxona, naltrexona) o en modificaciones biofarmacéuticas que impiden el uso de comprimidos para inyección intravenosa.

La orientación mercantilista parte de la idea de que los fallecidos por sobredosis son adictos que usan estos fármacos con finalidades no médicas (o ya no médicas). En realidad, la mayoría de las muertes por analgésicos opiáceos son consecutivas a la prescripción de alguno de estos fármacos pro un médico.

El artículo comienza de este modo:

“Las tasas de mortalidad de los adultos de edad mediana, que constituyen el grupo demográfico de mayor tamaño en EEUU, están creciendo por primera vez en varias décadas. Este aumento se puede explicar en gran parte por el aumento de las muertes por sobredosis, la mayoría por opiáceos”.

Se reproducen algunos otros apartados:

“Al mismo tiempo, las compañías farmacéuticas trabajan para asegurar el acceso a sus productos. La agencia Associated Press y el Centro para la Integridad Pública de EEUU han anunciado recientemente que las compañías farmacéuticas y sus grupos de presión asociados gastaron entre 2006 y 2015 880 M$ en actividades dirigidas a influir sobre las políticas y estrategias federales y estatales, una cifra mayor que la del lobby de las armas. Estas organizaciones emplearon un promedio de 1.350 cabildeadores al año”.

No se dispone de pruebas sobre los efectos beneficiosos del uso prolongado de opiáceos en la mayoría de los pacientes con dolor crónico. Por otra parte, todas las formulaciones de opiáceos implican un riesgo de muchísimos riesgos.

Un problema de desplazar el consumo de formulaciones simples a formulaciones que impidan el abuso es que no se dispone de pruebas que demuestren que los opiáceos, independientemente de su formulación, sean típicamente eficaces para el tratamiento del dolor agudo.

Una revisión Cochrane examinó los resultados de 26 grupos de tratamiento, con un total de 4.768 pacientes y determinó que no había pruebas suficientes para sacar conclusiones firmes sobre la efectividad del tratamiento prolongado del dolor crónico con opiáceos. Aunque en esta revisión se halló un efecto de magnitud intermedia favorable a los opiáceos en los pacientes que completaron el ensayo, estos pacientes solamente eran un 30% de todos los participantes. Es más, ningún ensayo duró más de 16 semanas. En una revisión más reciente se llegó a conclusiones similares sobre la eficacia y no se hallaron estudios en los que se evaluaran los resultados clínicos en pacientes que hubieran utilizado un analgésico opiáceo durante un mínimo de un año.

Las formulaciones para evitar el abuso no impiden que los pacientes tomen dosis más altas que las prescritas, que es la forma más común de mal uso de los analgésicos opiáceos. Y sin embargo una encuesta demostró que casi la mitad de los médicos de atención primaria creen que las formulaciones para evitar el abuso son menos adictivas que las estándar.

Más importante todavía, la mortalidad por todas las causas es más alta en los pacientes que reciben tratamiento crónico con un opiáceo, comparados con pacientes similares que no los toman.

En youtube es fácil encontrar instrucciones para abusar de las formulaciones diseñadas precisamente para evitar el abuso.

Se cita un brote reciente de infección por VIH en Indiana, atribuida a una versión reformulada de Opana ER® (oximorfona), al parecer diseñada para que no pudiera ser inhalada, pero que fue inyectada.