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Última actualización: 25/5/2018
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Middleton J, McGrail S, Stringer K. Drug related deaths in England and Wales
British Medical Journal (BMJ)
17 de octubre 2016
Volumen 355 página(s) i5259

En Inglaterra y Gales han aumentado las muertes por intoxicación aguda por drogas, en un 65,7%, y las atribuidas a opiáceos han aumentado en un 107% entre 2012 y 2015. Estas cifras excluyen las muertes atribuidas a virus y otros agentes infecciosos y no infecciosos relacionados con el consumo de drogas por vía intravenosa, de modo que la cifra real debe ser todavía mayor.

Se indica que pueden haber contribuido a este incremento la edad creciente y la mayor fragilidad física de los consumidores, interacciones con otros fármacos, sobre todo psicótropos nuevos, y variaciones en la pureza y disponibilidad de los opiáceos. Más de la mitad de los afectados eran personas consumidoras de opiáceos que no habían tenido contacto reciente con los servicios de atención a drogadictos.

Public Health England propone acciones a nivel local y nacional para afrontar esta emergencia de salud pública, entre ellas guías de prescripción de fármacos opiáceos, mayor disponibilidad de la naloxona y la creación de un nuevo indicador de mortalidad por drogas. No obstante, el informe no aborda factores sistémicos que pueden haber causado, de manera directa o indirecta, este incremento de la mortalidad. Desde 2010 se han producido modificaciones masivas en programas nacionales y sistemas de tratamiento, y hay lecciones que aprender.

La insistencia en la abstinencia ha fallado

Entre 1997 y 2010 la estrategia nacional contra el consumo de drogas opiáceas siguió una estrategia de reducción de daños, que incluía el uso de tratamientos de sustitución. Esto cambió en 2010, cuando el gobierno modificó la estrategia para situar la abstinencia en el centro de todas las acciones.

Al mismo tiempo, la medida clave de éxito pasó a ser el número de personas dadas de alta de programas de tratamiento que eran abstinentes de todas las sustancias, incluidos los tratamientos de sustitución y que no volvían a consulta durante 6 meses como mínimo. Así, se crearon objetivos e incentivos financieros para que las personas no acudieran a los servicios de atención a drogadictos. Sin embargo, el tiempo en contacto con estos servicios es protector; los adictos que reciben intervenciones farmacológicas y psicosociales tienen un riesgo de mortalidad de la mitad, comparados con los sujetos a estrategias de abstinencia.

La ley de sanidad de 2012 transfirió la responsabilidad de la salud pública a las autoridades locales. Los tratamientos de deshabituación de drogas, incluido el alcohol, ya no formaron parte de la cartera de servicios del NHS y quedaron sujetos a un nivel inferior de gobernanza clínica, externalización de servicios e integración con otras intervenciones sanitarias.

El efecto ha sido claro. La población en tratamiento ha comenzado a disminuir. El número de personas definidas como “completamente curados” ha sido igualado por los números de personas que dejan o se dan de baja de los programas de tratamiento. La inversión en naloxona ha sido mínima.

Se propone aumentar la disponibilidad de la naloxona, ampliar las opciones terapéuticas disponibles, aplicar intervenciones como provisión de material inyectable seguro y programas de vacunación, así como creación de salas de venopunción.

“Se deben aplicar de manera diligente nuevas recomendaciones sobre la sustitución de opiáceos, y el tratamiento sustitutivo con heroína debe ser una de las opciones.

La estrategia de reducción de daños nació (bajo un gobierno conservador) como respuesta a la amenaza del VIH. salvó un número incontable de vidas. Cuando el interés ya no fue la reducción de daños, la mortalidad comenzó a aumentar.