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Última actualización: 24/6/2019
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Munson JC, Bynum JPW, Bell J-E, Cantu R, McDonough C, Wang Q, Tosteson TD, Tosteson ANA. Patterns of prescription drug use before and after fragility fracture
JAMA Internal Medicine (JAMA Intern Med)
octubre 2016
Volumen 176 nº 10 página(s) 1531-8

El objetivo de este estudio fue examinar los fármacos de prescripción que toman los pacientes que sufren una fractura, antes y después de esta.

Se realizó un estudio de cohortes basado en prestaciones de Medicare, en 168.133 afiliados (una muestra de 40% del total en estas circunstancias) (84,2% mujeres, 91,8% de las mujeres eran blancas, edad media de 80 años) que sufrieron una fractura de hombro, muñeca o pelvis entre 2007 y 2011. Un 53,2% de la cohorte fue hospitalizada en la fecha de la fractura (100% de los casos de fractura de pelvis, 8,2% de las de muñeca y 15% de las de hombro). Se examinaron los medicamentos de prescripción en los cuatro meses anteriores y posteriores a la fecha de la fractura.

En los cuatro meses anteriores a la fractura, un 76% (77,1% de los casos de pelvis, 74% de los de muñeca y 76% de los de hombro) recogió alguna prescripción de un fármaco no analgésico opiáceo que incrementa el riesgo de fractura (ISRS, diuréticos, inhibidores de la bomba de protones). Sólo una proporción minoritaria (7%) dejó de tomar estos medicamentos en los cuatro meses posteriores a la fractura, pero al mismo tiempo otros pacientes iniciaron tratamiento con alguno de estos fármacos, de manera que al proporción global que tomaba medicamentos que incrementan el riesgo de fractura no se modificó (80,5%, 74,3% y 76,9%, respectivamente). Este fenómeno fue observado con los tres grupos de fármacos según el mecanismo de acción del efecto por el que incrementan el riesgo de fractura.

Los grupos de fármacos examinados fueron los siguientes:

1) Fármacos que incrementan el riesgo de caída (y porcentaje de expuestos antes de la fractura): benzodiacepinas (2,8%), barbitúricos (1,2%), hipnosedantes non benzodiacepinas (10,8%), opiáceos (35,5%; no contabilizados en el análisis principal), ISRS (35,5%), antidepresivos tricíclicos (4,8%), antiparkinsonianos (5,6%), antihipertensivos de acción central (3,9%), nitratos (8,6%) y tiacidas (sic) (2,8%).

2) Fármacos que disminuyen la densidad mineral ósea: corticoides inhalados (7%), corticoides por vía oral (9,8%), inhibidores de la bomba de protones (25,6%), antihistamínicos H2 (5,6%), tiazolidindionas (glitazonas) (5,7%), y anticonvulsivantes (9,3%).

3) De mecanismo no claro: antipsicóticos atípicos (5,2%), antipsicóticos típicos (1,8%) y diuréticos del asa (sic) (21%).

Los autores concluyen que la exposición a medicamentos de prescripción que incrementan el riesgo de fractura raramente se reduce después que ocurra una fractura. Se trata de una oportunidad perdida para modificar por lo menos uno de los factores que contribuye a las fracturas en personas de edad avanzada.

[En un editorial adjunto se insiste en la importancia de una “revisión profunda de la medicación” junto con la o el paciente, que incluya una conversación sobre la reducción o eliminación de medicamentos asociados a caídas y a pérdida ósea siempre que sea posible”.

Por otra parte, algunos aspectos metodológicos son discutibles. Se incluyen por ejemplo los diuréticos tiacídicos entre los fármacos que incrementan el riesgo de fractura, a pesar de que en estudios observacionales se ha registrado un efecto protector de estos fármacos. Con el fin de evitar un error de clasificación, en el análisis principal no se contabilizaron las dispensaciones de analgésicos opiáceos en los siete días anteriores a la fractura. Tampoco se contabilizaron los analgésicos opiáceos prescritos después de la fractura, dada su posible indicación (muy discutible) en esta situación.]