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Última actualización: 20/4/2018
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Hawkes N. The travesty of expensive insulin
British Medical Journal (BMJ)
2 de junio 2016
Volumen 353 página(s) i2933

Contrariamente a los deseos de sus descubridores, casi un siglo después de su descubrimiento, la insulina sigue no estando al alcance de millones de personas que la necesitan. Es un fármaco demasiado caro para una enfermedad que no distingue las clases sociales.

La insulina no está disponible en versiones genéricas. La reinvención constante y mejorías marginales, combinadas con barreras al acceso al mercado, han permitido sólo tres compañías (Lilly, Sanofi y Novo Nordisk) mantener su monopolio y generar beneficios enormes.

Se comenta que en la campaña electoral de los EEUU, Trump, Clinton y Sanders han propuesto una nueva ley que permita a Medicare negociar los precios de los medicamentos directamente con las compañías. Trump afirma que esto ahorraría 300.000 M$ al año, pero lo cierto es que Medicare gasta en medicamentos solamente unos 80.000 M$. No obstante, que incluso este candidato abogue por una nueva ley es reflejo de las dificultades económicas de los ciudadanos de EEUU que necesitan insulina, que también se comentan en el artículo.

Las tres compañías citadas han practicado la puesta de la patente en invernadero (evergreening en inglés) mediante pequeñas mejoras, algunas puestas en duda. Primero desaparecieron las insulinas de origen animal a favor de las biotecnológicas, después estas fueron sustituidas por los análogos de la insulina.

Los medicamentos modernos son siempre caros, en gran parte porque el mercado farmacéutico de EEUU, tan favorable a la industria, tiene un evidente efecto de arrastre en el resto del mundo.

“Si no somos cuidadosos, esta historia se repetirá con los nuevos medicamentos actuales, muchos de los cuales son biotecnológicos. La industria ha vendido con éxito la historia según la cual los biológicos son difíciles de fabricar (antes era cierto, en la actualidad ya no lo es) y que los biosimilares, a diferencia de los genéricos, deben ser sometidos a ensayos clínicos para que se pueda garantizar un rendimiento terapéutico equivalente (cosa cierta, aunque los ensayos son más sencillos y menos caros). Combínense estos hechos con la eficiencia artrítica que ha mostrado el NHS (británico) para aceptar un infliximab biosimilar, y si es usted un inversor en la industria farmacéutica se estará riendo. Pero si es un paciente, sobre todo de un país pobre, las perspectivas son mucho menos optimistas”.